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Guerreras de la fe que vencieron al Covid-19

Diamar Díaz Nieto

Son mujeres de fe que les ha tocado estar en el campo de guerra contra un enemigo que no se ve, el Covid-19.  Una de ellas le hizo frente en el hospital, mientras que la otra a través de la información, dada a conocer sobre la enfermedad y métodos para evitarla o paliar sus malestares.

La periodista Herminia Rivera y la licenciada en enfermería Gilda Cornejo vieron a los ojos al coronavirus. Hoy cuentan a Panorama Católico como la fe y amor a Dios y a su familia, con el apoyo de la medicina lograron vencer. Ya de regreso en sus sitios de trabajo son testimonio de entrega, tal como San Antonio de Padua quien manifestó que «un cristiano fiel, iluminado por los rayos de la gracia al igual que un cristal, deberá iluminar a los demás con sus palabras y acciones, con la luz del buen ejemplo».

Estoy de vuelta gracias a Dios, a los médicos y a mi familia

Desde chica fue misionera, época en las que participaba en la Obras Misionales Pontificias. Tal era su carisma que todos conocían y querían estar cerca de Herminia Rivera, una joven alegre, con gran curiosidad sobre el ser y la vida y también de como trasmitirle el amor a Dios, tanto a los niños como a los jóvenes.

Para nadie fue sorpresa que se decantara por el periodismo como profesión y vocación.  Gracias a sus actitudes y aptitudes ingresa desde sus inicios al medio de circulación nacional Mi Diario, donde ha hecho una carrera exitosa.

Precisamente en el ejercicio del periodismo, donde probablemente fue infectada con el llamado coronavirus.

“Como periodista, estaba en la calle en busca de la información. Allí fue donde de seguro el virus entró en mi cuerpo, a pesar de tomar las medidas de higiene. Lo primero que vino a mi mente cuando recibí la llamada de la doctora Lilia Olaya para informarme de que mi prueba había dado positiva, fue pedir a Dios fuerza y que no me llevara todavía, tengo muchos planes por cumplir. Algunos amigos me preguntaron si lloré, y sí, lloré, soy humana, sentí que el mundo se me venía encima”, recordó.

Recibió el diagnóstico en marzo, cuando apenas se daban los primeros casos.

La doctora Olaya le dio las recomendaciones de lo que debía hacer, entre ellas: mantener la calma, pues es hipertensa.

JMJ. En la pasada jornada se encontró con el P. Emilio Reyes, su primer párroco a quien no veía desde hace 20 años.

Reconoció que asimilar lo que estaba viviendo fue difícil, porque tuvo que aislarse de su familia, estar en su habitación por más de catorce días y ver que por día le sorprendía un nuevo síntoma:   fiebre, tos, debilidad corporal, falta de apetito, diarrea y, el peor de todos, los mareos que le alteraron y generaron ansiedad y estrés.

“Es terrible, pero gracias a Dios pude superar esta prueba, gracias también al apoyo incondicional del familiar que se hizo cargo de mi atención. No tengo ni tendré suficiente tiempo en lo que me resta de vida para agradecerle sus cuidados, compañía y atención”, confesó.

Durante esos días que estuvo en aislamiento sacó tiempo para todo. Reseñó que lo esencial para quienes siempre han creído en la misericordia y el amor de Dios era rezar y pedirle a Dios que tomara el control de todo.

“El bañarse era lo primero del día, luego desayunar… ya lista, me ponía a ver por canal 5 las homilías de monseñor José Domingo Ulloa. Siempre rezando y pidiéndole a mi Dios y a la Virgen de la Medalla Milagrosa que me cuidaran”.

Sostuvo que en su vida periodística se encontró con muchas advocaciones marianas: María Auxiliadora, Virgen de la Caridad del Cobre, Virgen Desatanudos y resaltó en todas ellas la Madre de Dios es quien te sonríe y ayuda a superar las penas.

Agradeció mucho a su familia y compañeros de trabajo que se tomaban la tarea de realizar videollamadas para saber de ella. A diario recibía muchos mensajes de aliento y cargados de energía positiva.

Herminia les envió un mensaje a los lectores de Panorama Católico, en el que sentenció “que el coronavirus no es relajo y puede darle a cualquiera, sin distinción alguna”.

Concluyó que la mejor barrera contra este mal hasta ahora es “quedarse en casa”, si no tiene que salir a trabajar y mantener todas las medidas de salud como lavarse las manos y mantener su casa limpia siempre.

Gilda Cornejo, un ángel blanco guerrero

Ejemplo. Miss Gilda se caracteriza por su humildad y alegría.

Corría 1977, año en el que Panamá experimentaba cambios con señales de progreso al celebrarse la firma de los Tratados Torrijos – Carter. El Instituto Nacional, conocido como el Nido de Águilas era un hervidero de emociones sobre nuestro devenir histórico.

Dentro de las aulas de este centro escolar, una jovencita con el firme pensamiento de servir planeaba también su futuro, por lo que decide estudiar una de las profesiones más abnegadas, como lo es la enfermería. Su nombre es Gilda Cornejo.

El 29 de mayo de 1984, la licenciada Cornejo se gradúa de Enfermera e inicia labores en la Caja de Seguro Social (CSS) el 23 de enero de 1985 en Centro de Salud de Cañitas, cuando era un sistema integrado, siendo allí la única enfermera.

Ingresa al Complejo Hospitalario Dr. Arnulfo Arias Madrid, y en este nosocomio desempeña sus funciones en los servicios de medicina general, pediatría y después en neurocirugía. “Fue mi mayor formación en la que trabajé por 19 años. Fui jefa de Enfermera encargada del cuarto de urgencias por muchos años”, relató.

Gracias a su experticia, en 2002 solicitan su apoyo para ser parte del equipo de salud del Hospital Susana Jones Cano. Actualmente es enfermera encargada del Programa Ampliado de Inmunización (PAI) y del área de radiología, tomografía y resonancia magnética.

Miss Gilda tiene dos hijos y cuatro nietos.  Ante la llegada del Covid-19 a Panamá, sabe que los hospitales se convertirán en el campo de batalla y que toda la población es vulnerable de verse afectada.

Por desgastes ocasionados en el trabajo, está dedicada enfermera, se ha visto sometida a tres operaciones en la cervical. Además es hipertensa, cardiópata y diabética, razón por la cual muchos pensaron que se acogería a la propuesta de quedarse en casa; no obstante, su sentido del servicio la hizo seguir trabajando en el Susana Jones.

Posteriormente, el temido nuevo coronavirus contagia a su yerno, noticia que descubre a través de su hija que se sentía desolada ante la incertidumbre de todo lo que podía suceder y sin poder contar con ella por ser paciente crónica.

Pero otro hecho sucede que le cambia su destino. “El sábado 4 de abril comienzo a tener un cuadro de fiebre, malestar general… tos. Llegó al hospital y enseguida deciden tomarme un hisopado y descubren que tengo Covid-19. En el hospital Susana Jones fue como el fin de mundo, porque la que menos podía contraer el virus era yo, por la serie de patologías que tengo”, puntualizó.

Eran momentos de decisiones y para no angustiar más a su hija, le oculta lo que padece y solo su hijo y una hermana estaban en conocimiento. Para no despertar sospechas, prefiere quedarse en casa, y cada día cuando su hija le hacía una videollamada, Miss Gilda se arreglaba y le hablaba como si nada estuviese pasando, llevando con mucha dignidad su cruz.

“Tuve mucho miedo, no lo niego. Le pedía a Dios que no permitiera que me complicara, pues vive sola”, enfatizó.

En su hogar sufrió diversos síntomas: tos, fiebre, pérdida del paladar, angustia, ansiedad y el temible insomnio que alargaba las noches.

Gracias a su fe y las atenciones recibidas, los síntomas se desvanecieron. El 20 de abril le hacen la prueba y sale negativa; el 22 de abril solicitó la certificación y el viernes 24 pidió a Salud Ocupacional que la revisaran para que le dieran el visto bueno para ir a trabajar. “Bendito sea el cielo, mis pruebas estaban totalmente negativas. Los doctores me dieron de alta, mis placas y laboratorios salieron bien”, recordó.

El lunes 27 de abril se integra al hospital, y para festejar tan importante acontecimiento, se engalanó con un bonito uniforme que no había estrenado. Al llegar, la euforia se sintió en toda la unidad ejecutora.

Después de esta prueba, Miss Gilda ve aún más todas las cosas que la rodean con nuevos matices. Aunque por las condiciones propias de su oficio, está expuesta a diversas dolencias, reconoce que su vocación es ser enfermera.

 “Como profesional de la CSS me siento sumamente orgullosa. Me preguntó el P. Goicochea que si yo volviera a nacer qué me gustaría hacer, yo le respondí si yo volviera nacer, volvería a ser enfermera”, concluyó.

ANÓTALO

Vocación pura

ï         Después de esta prueba, Miss Gilda ve todas las cosas que la rodean con nuevos matices. El primer día tras su regreso estrenó un bonito uniforme.

ï         Aunque por las condiciones propias de su oficio, está expuesta a diversas dolencias, reconoce que su vocación es ser enfermera. Tiene dos hijos y cuatro nietos.

ï         El P. Goicochea tras la experiencia vivida le preguntó que  si  volviera a nacer qué le gustaría ser, y sin chistar dijo que volvería a ser enfermera.

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