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“Hay que salir transformados interiormente para poder cambiar después nuestra manera de vivir.”, Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta.

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 La Homilía de este Domingo VI   de Pascua nos señala Monseñor José Domingo Ulloa, que “todo tiempo de crisis –también este del coronavirus– implica un peligro y una oportunidad. El virus está poniendo en peligro nada menos que nuestras vidas. Además, hemos palpado la orfandad espiritual en la que vivimos. Nos faltan personas de referencia que indiquen el camino a seguir. Los gobiernos perdieron tiempos preciosos en reaccionar, porque no sabían por dónde tirar”.

Durante la misa, desde la capilla del Seminario Mayor San José, Monseñor no explica que “no se trata simplemente de volver a la llamada ´normalidad´, que será para muchos de nuevo la dura realidad de la pobreza y la soledad. Hay que salir transformados interiormente para poder cambiar después nuestra manera de vivir. La crisis ha sido una oportunidad para que algunos colectivos hayan dado lo mejor de sí: el personal sanitario, la policía y los que producen y llevan alimentos a casa, trabajadores que han asegurado el aprovisionamiento diario”.

En el Evangelio de hoy, y recordando la crisis que se vive en estos momentos, los discípulos de Jesús experimentaron una crisis terrible por la ausencia de su Maestro, arrebatado por la muerte en la cruz. Se encontraron desamparados como un huérfano menor de edad (Juan 14,15-21).  

“Hoy también nosotros, seguidores de Jesús, nos encontramos en situaciones difíciles y conflictivas en las que es necesario la ayuda, la defensa y el consuelo. Por eso, en medio de estas preocupaciones, escuchamos las palabras consoladoras de Jesús.  Nos aseguran que no vamos a quedar desatendidos”, expresó Monseñor Ulloa.  

 

Fue una homilía llena de sentimientos expresados por Monseñor,  hacia el auténtico agricultor, aquel campesino no le preocupa la cuarentena; el campesino de a pie que nunca se jubila, no tiene seguro social; aquel que puede manejar hasta ocho caballos o mulas al mismo tiempo, se sabe el nombre de más de 50 animales, carga un machete siempre para defenderse, pero lo usa más para sembrar vida que para quitarla; para ese campesino que no sufre depresión ni estrés, a ese que conoce cuándo va a llover y falla menos que los meteorólogos; espanta la lluvia y para los truenos.

¡Qué vivan los campesinos que, en esta cuarentena, nos han demostrado realmente lo que valen! 

Asimismo, dijo el Arzobispo que “que nuestros productores necesitan más para seguir trabajando” e invitó a las autoridades a que revisen la situación económica de cada uno en particular, que los vean como una persona y no como un número frío; que los ayuden a mejorar su situación crediticia y que los apoyen para que puedan tener acceso a los insumos que requieran para producir.

Al finalizar la homilía, Monseñor le dio la palabra al Ministro de Desarrollo Agropecuario, Augusto Valderrama, quien agradeció a todos los agricultores por su dedicación y compromiso con el país.

A continuación, el texto completo de la Homilía desde la Capilla del Seminario Mayor San José.

 Homilía Domingo VI   de Pascua

Homenaje a los Agricultores

Domingo 17 de mayo de 2020

Hermanos y hermanas:

 Todo tiempo de crisis –también este del coronavirus– implica un peligro y una oportunidad. El virus está poniendo en peligro nada menos que nuestras vidas. Ha echado por tierra todos nuestros planes y ha dejado al descubierto la falta de fundamentos seguros en una civilización tan avanzada de la que no sentíamos tan orgullosos, y de la que disfrutábamos despreocupados. Hemos palpado la orfandad espiritual en la que vivimos. Nos faltan personas de referencia que indiquen el camino a seguir. Los gobiernos perdieron tiempos preciosos en reaccionar, porque no sabían por dónde tirar.

 

De pronto, las voces autorizadas han desaparecido, incluso el Papa ha sido muy parco en palabras, aunque ha hecho algunas propuestas de por dónde debe caminar la humanidad después del coronavirus. No se trata simplemente de volver a la llamada “normalidad”, que será para muchos de nuevo la dura realidad de la pobreza y la soledad. Hay que salir transformados interiormente para poder cambiar después nuestra manera de vivir.

 

La crisis ha sido una oportunidad para que algunos colectivos hayan dado lo mejor de sí: el personal sanitario, la policía y los que producen y llevan alimentos a casa, trabajadores que han asegurado el aprovisionamiento diario. 

Otra hermosa oportunidad nace de admirar cómo los niños han soportado, durante tanto tiempo, el confinamiento. El no poder salir de casa ha quedado compensado por el disfrute de la presencia cariñosa de los padres. Probablemente los niños han intuido que habría otra manera de vivir más beneficiosa para ellos en la que lo importante sea el cariño de las personas, y no simplemente la abundancia de cosas.

 

El Evangelio

Esta crisis, por momentos, nos ha hecho sentir desvalidos. Como los discípulos de Jesús, quienes experimentaron una crisis terrible por la ausencia de su Maestro, arrebatado por la muerte en la cruz. Se encontraron desamparados como un huérfano menor de edad (Juan 14,15-21).  

Hoy también nosotros, seguidores de Jesús, nos encontramos en situaciones difíciles y conflictivas en las que es necesario la ayuda, la defensa y el consuelo. 

Por eso, en medio de estas preocupaciones, escuchamos las palabras consoladoras de Jesús.  Nos aseguran que no vamos a quedar desatendidos.  En primer lugar, él va a enviar el Espíritu Santo para ayudarnos.  El Espíritu habita en nosotros como un GPS en un coche, siempre manteniéndonos en el rumbo de nuestro destino. De tal manera, como nos decía en su momento San Óscar Romero, que todo hombre puede decir al mirar sus manos, que hubo unas manos que fueron manos de Dios, y mis manos de campesino, de productor, de persona humana, pueden ser también manos de Dios si me identifico con ese Cristo que habita en mí.

También Jesús promete que él mismo volverá para acompañarnos en las pruebas.  Se cumple esta promesa con los sacramentos.  Cuando somos bautizados, es Jesús que nos recibe en la Iglesia, que es su Cuerpo.  Él nos ampara de las seducciones –drogas, sexo ilícito, ideas pretenciosas de nuestra propia grandeza– que a menudo hacen tropezar a la gente.  Cuando el sacerdote nos unge con el óleo de los enfermos, es Jesús que nos fortalece.  Él hace posible que enfrentemos aun la muerte con la paz.  

Por eso no nos olvidemos que la falta de esperanza que invade nuestro mundo, en buena medida, viene de la ausencia de Dios y de la banalización de la existencia. Es el Espíritu el que hace que la Iglesia no sea simplemente un tinglado humano más, sino un instrumento al servicio del plan de Dios. Pidamos que también nosotros podamos experimentar en nuestras vidas su acción transformadora.

  1. La Pandemia es un tiempo para valorar la actividad de los agricultores, uno de trabajos más antiguos y necesarios para nuestra supervivencia. Recordemos siempre, por lo menos, una vez en la vida vas a necesitar a un médico, un abogado o un arquitecto, pero al menos tres veces al día necesitas a un agricultor.

Todos los días comemos, nos vestimos, utilizamos productos provenientes de la agricultura. Por eso nos hemos de sentir en el deber de reconocer el valor del esfuerzo que se realiza en el campo.

Cuando veo a mucha gente quejarse y quejarse, creados por una sociedad mediocre… pienso en mis raíces, en nuestra gente del campo.

¡La gente del campo!

A ellos no les pagan bien sus productos, nadie les paga lo justo cuando el viento o el clima están en su contra, cuando hay plagas, cuando se les quema su casa… no hay gobierno que los ayude, que les haga casa nueva; sin embargo, levantan la cara con amor ¡y siguen adelante! 

Al campesino no le preocupa la cuarentena. Fuma, bebe, cuenta cuentos, sostiene varios hijos, siembra frijol, papa, yuca, maíz, plátano, caña, recoge y ordeña 50 vacas desde las cuatro de la mañana. Sabe silbar, les habla a los animales y ellos les responden, y tiene un perro que lo sigue a todos lados.

El campesino de a pie nunca se jubila, no tiene seguro social y no le hace falta, no le afecta la altura, va sin protector solar, reconoce un aguacate maduro sin apretarlo, tiene una uña larga para pelar mandarinas. Al ojo sabe cuánto pesa un bulto y con mirar o darle una vuelta, sabe cuánto pesa un chancho o una vaca. Puede manejar hasta ocho caballos o mulas al mismo tiempo, se sabe el nombre de más de 50 animales, carga un machete siempre para defenderse, pero lo usa más para sembrar vida que para quitarla.

El campesino no sufre depresión ni estrés, se sabe 142 groserías. Ha visto al diablo en el campo, dice saber quién es la bruja del pueblo, tiene hasta un poco de brujo, no se quema con el café hirviendo, se despierta antes de que el despertador suene, cambia la pila y arregla relojes, no lo tumba una gripe, camina desajustado, su teléfono celular “gallito” casi nunca tiene señal y, cuando hay, nunca suena. 

Él saluda unas 150 veces al día, y se despide hasta 3 veces antes de irse. Habla fuerte hasta para contar un secreto, se sabe atajos para llegar más rápido… conoce cuándo va a llover y falla menos que los meteorólogos; espanta la lluvia y para los truenos.

La cafeína no lo desvela. Reconoce a los muchachos malos y a las malas mujeres, sabe llamar a las gallinas, baja naranjas sacudiendo las ramas, disfruta de una chicha de papaya, le gusta la de nance o la limonada. Ahuyenta males con un escapulario… no sale bonito en las fotos, pero tiene una pintura donde se le ve increíble con su esposa. Sabe 2 chistes y los repite constantemente.

Escucha noticias por la radio, y lo cree todo. Sabe lo bueno que es purgar a sus hijos y nietos… el ángel de la guarda nunca lo ha desamparado. Le dice Ingeniero a cualquiera, y todos a él le dicen Don. Sabe pescar, no le gustan las camas blanditas, toma Coca Cola solo en ocasiones muy especiales, cerveza siempre y si está caliente no importa. Ve de noche sin linterna, no lo pican los zancudos, ha comido tortuga, iguana, lechón, res, huevo criollo, zorro, culebra y todo eso le sabe a gallina. No sabe cuándo es festivo y tampoco por quién votar, pues todos le han ofrecido y todos le han quedado mal.

No existe nada más hermoso que un campesino de mi tierra, como lo fueron nuestros abuelos y sus padres.

¡Qué vivan los campesinos que, en esta cuarentena, nos muestran realmente lo que valen…! Hemos visto la gran importancia de recuperar el agro y apoyar al campesino, y si no lo hacíamos hubiéramos estado en las ciudades muriendo de hambre. 

¿De qué sirven la plata y el oro si no saben a nada ni quitan el hambre? Mejor la yuca, el plátano frito y cuando pone la gallina un par de huevos, hacerlos fritos, y no se diga un pedazo de chicharrón con frijoles y tortilla recién sacada de la cazuela, acompañada con café negro. Si ves a un campesino que vende sus productos, por favor cómprale.

Esta crisis sanitaria ha dejado grandes lecciones de vida… entre ellas una muy importante y es que quedó demostrado que la seguridad alimentaria se puede sostener a corto, mediano y largo plazo, sólo si se mantiene un sector agropecuario trabajando.  

También, nos ha quedado claro que no podemos depender de las importaciones para alimentar a nuestro pueblo, pues todos vimos cómo se fueron apagando las luces de una economía liberal, que hoy se debate entre la gran incertidumbre de ver cómo se sostendrá frente a las secuelas que está dejando la pandemia. 

Ninguna economía que dependa al 100% de las importaciones va a poder sostener la seguridad alimentaria de su población. 

Ponderamos el esfuerzo que realiza el gobierno nacional del presidente Cortizo, con el programa PANAMA AGRO SOLIDARIO con créditos al 0% de interés para producir comida, granos y carne, que es lo que necesitamos para alimentar a nuestra gente. 

Eso hay que agradecerlo, pero sabemos que nuestros productores necesitan más para seguir trabajando. Es por ello que los invito a que revisen la situación económica de cada uno en particular, que los vean como una persona y no como un número frío; que los ayuden a mejorar su situación crediticia, que los apoyen para que puedan tener acceso a los insumos que requieran para producir… Pidamos que el programa AGROVIDA –con un paquete tecnológico de semillas, insumos y herramientas para productores de 0 a 5 hectáreas, sin ningún costo– se pueda cumplir y así se ayude a nuestra gente del campo, quienes solo piden las equipos para trabajar… ¡lo demás, lo producen ellos con su sudor!  

Para honrar a toda esa gente bella campesina, hoy hemos invitado aquí a un matrimonio que vive de la agricultura familiar, dignos representantes de la Granja Vallecito en Coclé del Patronato del Servicio Nacional de Nutrición, quienes han demostrado lo que se puede hacer si se les dan las herramientas adecuadas. Nuestra bendición para ustedes y todos los miembros de su familia y de la granja, así como también ponderamos el trabajo de todo el equipo del Patronato de Nutrición, dirigido por la Ing. Yariela Gallegos, con más de 25 años al servicio de esta organización que combate el hambre en nuestros campos.  

Pero no podemos dejar de mencionar el trabajo que el equipo del Ministerio de Desarrollo Agropecuario, liderado por el ministro Augusto Valderrama, viene realizando para fortalecer la seguridad alimentaria del país, y con una proyección a futuro, que es lo que debemos hacer. 

Les reitero la bendición de Dios a todos en el equipo del MIDA y al cuerpo de voluntarios, quienes hoy trabajan arduamente en ATLAPA elaborando las bolsas de comida seca, y a los que están en la sede del MIDA junto al IMA comprando a los productores agropecuarios las carnes y granos, para que no se pierdan y lleguen a las poblaciones afectadas por esta pandemia. Les exhortamos para que no desmayen en su dura tarea, que sabemos es difícil en los momentos actuales. La gran satisfacción que les quedará –a pesar del miedo natural que puedan tener– será lo que hacen de corazón por esa población que necesita de ustedes.

El sembrador

Ser agricultor no es una profesión sencilla. Depende en gran medida del clima y de las políticas cambiantes, tanto nacionales como internacionales.

Este oficio sufre obstáculos tan grandes como la falta de crédito para emprender y la dificultad para acceder a la tierra y al agua.

Ser agricultor se lleva dentro, ya sea por continuar la tradición familiar o por el espíritu vocacional. Además, ser agricultor hoy en día no te evita tener estudios. Cada vez son más los profesionales del campo con carrera y con una formación específica, quienes deciden ser sus propios jefes y lanzarse al sector.

Al recordar hoy al Santo Patrono de los Agricultores, San Isidro Labrador, quien demostró su amor a la tierra, a la labranza y al hombre del campo, los invito a iniciar una cruzada nacional que impulse a todos a identificarse y a apoyar lo que se produce en Panamá, que es bueno y de calidad. Brindemos el apoyo a la producción nacional comprando sus productos, privilegiándolo frente al importado… para que gritemos todos a viva voz: ¡PANAMEÑO, CON ORGULLO CONSUME LO TUYO!

Compromisos

Te invitamos a unirte a la campaña para agradecer, dignificar y honrar el trabajo del agricultor. Simplemente debes poner en práctica los siguientes compromisos y recordar que el agricultor es primero.

  1. Consume frutas y vegetales.
  2. Antes de pagar tu compra, piensa en todo lo que tuvo que hacer el agricultor para que sus productos estén en la ciudad.
  3. Aboga para que los jóvenes se formen y eduquen en temas agrícolas.
  4. Evita el desperdicio de alimentos.
  5. Entérate del papel que juegan la ciencia y la tecnología en la producción agrícola.
  6. Infórmate sobre el conocimiento que tienen los agricultores para producir los alimentos.
  7. Invita a tus amigos y familiares a valorar la agricultura y a los agricultores en la sociedad.
  8. Exige y apoya políticas públicas que promuevan a los agricultores.
  9. Infórmate sobre el aporte que hace la agricultura al desarrollo socio económico de nuestro país.
  10. Convirtámonos en embajadores de la agricultura.

PANAMÁ, acatemos las normas que nuestras autoridades han implementado. Por ti, por los tuyos por Panamá -Quédate en casa.

†  JOSÉ DOMINGO ULLOA MENDIETA, O.S.A.

ARZOBISPO METROPOLITANO DE PANAMÁ

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