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“La Iglesia recuerda los 100 años Nacimiento San Juan Pablo II”, Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta.

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 Un día como hoy, hace 100 años, nació San Juan Pablo II en la pequeña ciudad polaca de Wadowice, a 50 kilómetros de Cracovia, en Polonia. A pesar de la pandemia, hoy sus fieles devotos en todo el mundo lo recuerdan con especial cariño en el día del centenario de su nacimiento.

“Hoy agradecemos a Dios por el privilegio que tuvimos cuando nos visitara aquel 5 de marzo de 1983”, recordó el Arzobispo de Panamá, Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, con la certeza de que su presencia a nuestro país fue la de un Buen Pastor que vino al encuentro de sus ovejas, para conocerlas, alimentarlas y cuidarlas. 

Sin dudarlo, Monseñor Ulloa dijo que a Juan Pablo II se aplica las palabras que proclamó el profeta Isaías, refiriéndose a Jesucristo: “Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva, que anuncia la salvación”. 

De San Juan Pablo, el Arzobispo resaltó que supo corresponder al llamado que Cristo le hizo para estar al frente de su Iglesia, con un amor maduro que le hacía exclamar con San Pedro, el primer Papa: “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero”. Por eso, el Señor le confirmó: “Apacienta mis ovejas”.

“Juan Pablo II salió al encuentro del pueblo de Dios, viajando por el mundo en sus 104 viajes pastorales; nos regaló 14 encíclicas, alimentó al Pueblo de Dios con sus enseñanzas basadas en la Palabra de Dios; con las hermosas celebraciones que nos adentraban en el misterio eucarístico, y con el testimonio en sus múltiples gestos de caridad con los más necesitados”, indicó Monseñor Ulloa.  

Considera que Juan Pablo II nos traza un programa: “conocer, experimentar, vivir y testimoniar el amor de Dios y estas lecciones sólo las aprendemos en el encuentro con una persona, la persona de Jesús”.

Invitó a cada uno de los panameños a meditar sobre los 100 años del nacimiento de Juan Pablo II y tener el regalo de su reliquia, debe ser para nosotros los creyentes una oportunidad de acercarnos más a Dios y de reflexionar sobre nuestra vida cristiana. 

Dijo que también es una ocasión de manifestar nuestra religiosidad popular, de vivir juntos la alegría de recordar a este Papa que tanto nos quiso y quiere todavía desde el cielo. Sin embargo, es muy importante que interioricemos cada uno este acontecimiento y trascendamos el aspecto meramente exterior.

“El profundizar la vida de San Juan Pablo II, es una oportunidad para que cada uno examine cómo lleva su relación con Dios y con los demás, y para pedirle a Dios que nos haga ver con claridad su voluntad y nos dé la fuerza de llevarla a cabo, como él lo hizo. Es también una ocasión de pedir la intercesión de Juan Pablo II ante Dios por nuestro país y por las necesidades de cada uno.

Reafirmó que Juan Pablo II dedicó todas sus fuerzas hasta el último momento, para invitarnos al encuentro con Jesucristo Nuestro Señor, que él mismo hacía realidad en su propia vida. 

“Decía Juan Pablo II que la santidad es la alegría de hacer la voluntad de Dios y solamente si hacemos la voluntad de Dios podremos vivir en armonía en un ambiente de justicia y de paz”, comentó Monseñor Ulloa. 

Considera que la vida y obra de Juan Pablo, en la situación actual de nuestro país, demanda de todos un compromiso y un esfuerzo por la santidad, es decir, de esforzarnos por vivir conforme a los mandamientos de Dios, que son el único camino que nos lleva a Jesucristo. “Su fiesta nos recuerda que la santidad es un estilo de vida”, indicó.

Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta aprovechó la oportunidad para hacer un recorrido de la vida de Juan Pablo II pasando por su niñez, juventud hasta el día que fue al encuentro con el Señor, tras cambiar su patria, cambiar Europa, cambiar al mundo porque creyó en Jesús, porque confío en Jesús, porque fue fiel discípulo de Jesús. 

Pidió al camarógrafo un acercamiento a la venerable imagen de San Juan Pablo II, para ver el relicario que contiene fundamentalmente una capsulita con un poco de su sangre del santo. “Es parte de su cuerpo, es parte de su persona, es parte de su historia, es parte del hombre de Dios, del hombre que paso por este mundo haciendo el bien”, poniéndolo de testimonio para todos nosotros. 

Para reafirmarlo, antes de finalizar la Eucaristía dijo que es la ocasión para pasar a la veneración y comprometernos un poquito con él y con nosotros mismos, para ser discípulos de Jesús y cumplir lo que el Señor nos ha enseñado”, acotó. 

A continuación, el texto completo de la Homilía desde la Capilla del Seminario Mayor San José.

Homilía 100 años Nacimiento San Juan Pablo II

Mons. José D. Ulloa o.s.a.

18 de mayo de 2020 

Hermanos y hermanas:

 Llenos de alegría nos hemos congregado para conmemorar los 100 años del nacimiento de San Juan Pablo II, y agradecer a Dios por el privilegio que tuvimos cuando nos visitara aquel 5 de marzo de 1983, el cómo Buen Pastor salió al encuentro de sus ovejas, para conocerlas, alimentarlas y cuidarlas.

A Juan Pablo II podemos aplicar las palabras que proclamó el profeta Isaías refiriéndose a Jesucristo: “Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva, que anuncia la salvación”.

Él supo corresponder al llamado que Cristo le hizo para estar al frente de su Iglesia con un amor maduro que le hacía exclamar con San Pedro, el primer Papa: “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero”. Por eso, el Señor le confirmó: “Apacienta mis ovejas”.

Juan Pablo II salió al encuentro del pueblo de Dios viajando por el mundo en sus 104 viajes pastorales y proclamando el Evangelio en todas partes como una alegría, cumpliendo así su obligación de defender el bien, de defender a Cristo.

Nos regaló 14 encíclicas, donde en cada una de ellas a expuso completamente la fe de la Iglesia y su doctrina humana.

Nos alimentó con sus enseñanzas basadas en la Palabra de Dios; con las hermosas celebraciones que nos adentraban en el misterio eucarístico, y con el testimonio en sus múltiples gestos de caridad con los más necesitados. Así amó y cuidó a la Iglesia, cuerpo de Cristo, hasta desgastarse y entregar su vida por ella.

Muy queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús, cada uno de nosotros tenemos un motivo especial por algo que admiramos en San Juan Pablo II y ahora nos disponemos a celebrar esta eucaristía, pidiendo por su intercesión nos conceda el Señor la gracia de ser auténticos hijos de Dios como lo fue él.

Nos sentimos honrados por tener en nuestra Arquidiócesis de Panamá las reliquias de San Juan Pablo II, y con ellas se trata de honrar a Dios por los grandes dones que concedió a este hijo suyo para bien de su Iglesia. Hoy en su fiesta de los 100 años de su nacimiento, frente a las reliquias de San Juan Pablo II: los invito a abrirnos al misterio de Dios, de su amor por nosotros y dejarnos transformar por él.

Un hermoso programa nos traza Juan Pablo II: conocer, experimentar, vivir y testimoniar el amor de Dios y estas lecciones sólo las aprendemos en el encuentro con una persona, la persona de Jesús.

El meditar sobre los 100 años del nacimiento de Juan Pablo II y tener el regalo de su reliquia, debe ser para nosotros los creyentes una oportunidad de acercarnos más a Dios y de reflexionar sobre nuestra vida cristiana.

Es ciertamente una ocasión de manifestar nuestra religiosidad popular, de vivir juntos la alegría de recordar a este Papa que tanto nos quiso y quiere todavía desde el cielo. Sin embargo, es muy importante que interioricemos cada uno este acontecimiento y trascendamos el aspecto meramente exterior.

El profundizar la vida de San Juan Pablo II, es una oportunidad para que cada uno examine cómo lleva su relación con Dios y con los demás, y para pedirle a Dios que nos haga ver con claridad su voluntad y nos dé la fuerza de llevarla a cabo, como él lo hizo. Es también una ocasión de pedir la intercesión de Juan Pablo II ante Dios por nuestro país y por las necesidades de cada uno.

Juan Pablo II dedicó todas sus fuerzas hasta el último momento, para invitarnos al encuentro con Jesucristo Nuestro Señor, que él mismo hacía realidad en su propia vida.

Decía Juan Pablo II que la santidad es la alegría de hacer la voluntad de Dios y solamente si hacemos la voluntad de Dios podremos vivir en armonía en un ambiente de justicia y de paz. La situación actual de nuestro país demanda un compromiso de parte de todos, y especialmente de los cristianos, de esforzarnos por la santidad, es decir, de esforzarnos por vivir conforme a los mandamientos de Dios, que son el único camino que nos lleva a Jesucristo. Su fiesta nos recuerda que la santidad es un estilo de vida.

Si volvemos una mirada a los años de su infancia, lo vamos a encontrar como un hijo fiel, como un hijo amoroso, como alguien que arriesga su vida cuando su padre ya estaba enfermo y anciano, y el mismo papá le dice: tú vete, vete a luchar y él prefiere arriesgarse al lado de su padre.

Conocemos del joven Karol, a un joven lleno de ideales, de entusiasmo en la defensa de su patria, la libertad religiosa y la independencia de las potencias extranjeras que les invadían.  O como el líder universitario, el hombre que supo comprometerse por su fe y por su amor.

Como sacerdote tuvo que esconderse de la persecución, trabajar en las canteras al rayo del sol, sin hacerse para atrás, y al mismo tiempo, moviendo la conciencia de los jóvenes y los adultos de su tiempo con su poesía y con sus obras de teatro.

San Juan Pablo II, un hombre de lucha, un hombre de sacrificio y un hombre con un corazón incapaz de guardar algún resentimiento, algún odio, o alguna mala voluntad.

Él supo siempre perdonar, comprender a la gente de su tiempo y al mismo tiempo supo luchar, por la fe y por la independencia de su tiempo.

Lo vimos como un joven sacerdote, entusiasta, abnegado, generoso, lleno de ilusiones, lleno de entrega, dando cada día su vida. Lo vimos como obispo, capaz de enseñar, no solamente con su palabra sino sobre todo con su ejemplo, con su vida, y lo vimos nosotros también y lo conocimos como Papa… “Juan Pablo II te quiere todo el mundo”, fue la expresión más espontánea y libre que se inició en nuestra patria y resonó por todo el mundo, y hoy, nuestra expresión es un signo de ese amor tan grande por Juan Pablo II.

Pero hermanos, nosotros no podemos quedarnos solamente en la alegría y el entusiasmo, tenemos que aprender de él. … tenemos que aprender de Juan Pablo, que en su magisterio nos enseñó a abrir nuestro corazón a Cristo, no tengan miedo de abrir su corazón a Cristo, porque muchos tenemos miedo de abrir el corazón a Jesús.

Cuando alguien se enamora es capaz de cosas extraordinarias, y a veces nos da miedo enamorarnos de Cristo porque nos exige cosas extraordinarias. No tengan miedo dijo el Papá, ábranle su corazón a Cristo.

Y en un mundo que estaba con tantos cambios hacia el materialismo, hacia el culto por el placer y los bienes materiales, en un mundo que parecía que se apartaba de Dios, el Papá dijo no “tengan miedo, abran su corazón a Cristo”, y cuando parecía que llegaba el final de su camino nos dijo “no tengan miedo remen mar adentro”.

Fue profeta del siglo XX, fue un hombre de Dios, fue un maestro que nos enseñó, a los jóvenes, a las familias, enseñó también a los líderes de los grandes países, cuando predicó por ejemplo en las naciones unidas, recomendándonos el cuidado del medio ambiente que tiene como centro al ser humano, al hombre, creado a imagen y semejanza de Dios.

Hermanos, nuestro país necesita mucho de un milagro de Juan Pablo II, pero necesita también de una conversión del corazón de cada uno de nosotros, que nos lleve a ser discípulos de Jesús como fue Juan Pablo II, y que estos días, estos momentos en que nosotros podemos encontrarnos, congregados por él, sean una ocasión de júbilo, pero sea también un momento de oración por nuestra patria, por la paz y sea también un momento de reflexión sobre lo mucho que Juan Pablo II nos ha enseñado para que nosotros sigamos sus pasos, aprendamos de él, seamos verdaderos discípulos de Cristo, y nuestra alegría no sea solamente pasajera por su presencia entre nosotros, sino que su alegría permanezca en nuestro corazón.

Juan Pablo II cambió su patria, cambió Europa, cambió al mundo porque creyó en Jesús, porque confío en Jesús, porque fue fiel discípulo de Jesús. ¿Por qué? Porque confío, ¿Por qué no cambiar también el futuro de nuestra patria, nuestros pueblos, el futuro de nuestras familias?, si como él confiamos en la palabra de Dios y nos comprometemos cada día para ser mejores cristianos.

Hermanos a través de este medio televisivo, vamos a tener la oportunidad de acercarnos, a esta venerable imagen de San Juan Pablo II. Ustedes podrán ver el relicario que, contiene fundamentalmente una capsulita con un poco de su sangre, se puede decir que es parte de Juan Pablo, es parte de su cuerpo, es parte de su persona, es parte de su historia, es parte del hombre de Dios, del hombre que paso por este mundo haciendo el bien y que por eso la Santa Iglesia nos lo pone como modelo, es la ocasión para pasar a la veneración y comprometernos un poquito con él y con nosotros mismos para ser discípulos de Jesús y cumplir lo que el Señor nos ha enseñado.

Vamos a unirnos hermanos en oración para pedirle a Dios nuestro Señor por intercesión del Papa Juan Pablo II, lo que necesitamos para cada uno de nosotros, pidámosle por nuestro país y por nuestra iglesia panameña.

Esta iglesia que necesita fortalecerse y manifestarse como auténtica discípula de Cristo. Pidámosle también por nuestro mundo que tiene muchas necesidades, pero que a veces no sabe rezar, no sabe cómo acercarse a Dios. Pidámosle a Dios que por intercesión de Juan Pablo podamos acercarnos a Él.

Que san Juan Pablo II interceda por nosotros Amen.

PANAMÁ, acatemos las normas que nuestras autoridades han implementado. Por ti, por los tuyos por Panamá -Quédate en casa.

†  JOSÉ DOMINGO ULLOA MENDIETA, O.S.A.

ARZOBISPO METROPOLITANO DE PANAMÁ

 

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