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Hermanas franciscanas radicales en su servicio

Con una sonrisa y apertura a la plática, compartimos con la Hermana Ana María Abarca, de la Congregación de Franciscanas de San Antonio de Padua, nos contó que ella vino a Panamá con tan solo 20 años, proveniente de El Salvador. Llegó en el año 1999 para servir en el hogar que ellas tienen en la urbanización La Princesa, en la provincia de Chiriquí.

Actualmente, ella es la Superiora y Directora de este hogar.

Asegura que el bienestar de los pequeños es muy importante, “hacer sentir a los niños que valen para todos, queremos que sientan que siempre estamos con ellos, que los escuchamos”, explica. Son dos hermanas de El Salvador y Guatemala (4 en total). Poseen una tarea específica, juntas responden al llamado de Dios en una familia que vive en fraternidad, disponibles a servir en la iglesia y al mundo al estilo de San Francisco de Asís.

Su espiritualidad se refleja en la sencillez, en la radicalidad evangélica de la “Sierva de los pobres” María, Madre de Dios, que retrata su abandono a la providencia, humilde, simple y caritativa en la promoción humana, especialmente de la infancia y de la juventud, “tratando de crear un ambiente de familia entre los niños”, explica la Hermana Ana María.

Resaltó que es indispensable para la humanidad el hecho de ser solidario y desarrollar el sentido de compasión, no de mirar miserablemente, sino poniéndose en el lugar de la otra persona, asumir su necesidad y así contrarrestar tanta indiferencia… solo se necesita una sonrisa, un gesto amable.

Concluyó la Hermana Ana María que hay dos panameñas en la congregación y animó a las jóvenes panameñas a consagrar a Dios su vida como Franciscanas de San Antonio de Padua.

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