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Jóvenes, proclamen a Cristo con alegría

En Panamá nos preparamos para celebrar el próximo año la Jornada Mundial de la Juventud que ayudan a los jóvenes a interrogarse sobre sus aspiraciones más íntimas, a profundizar su sentido eclesial, a proclamar con alegría y audacia la fe en Cristo, muerto y resucitado. Son momentos en los que muchos de ellos maduran opciones valientes e iluminadas, que pueden contribuir a orientar el futuro de la historia bajo la guía, al mismo tiempo fuerte y suave, del Espíritu Santo (Cf. San Juan Pablo II. Sabemos que vivimos en una sociedad insatisfecha, llena de tantas cosas materiales, pero vacíos de experiencias con Cristo Resucitado que llena la vida y que nos lleva al encuentro del pobre. La experiencia cotidiana nos enseña que la vida está marcada por el pecado, a pesar de la sed de bondad que late en nuestro corazón. También falsos profetas y falsos maestros de vida. Estos destruyen al joven con falsas respuestas a sus necesidades que los deja más solos y vacíos con las drogas, la violencia, el sexo desenfrenado.

Cristo es la respuesta que busca cada persona, en el misterio de su cruz y de su resurrección, ha destruido la muerte y el pecado: “Yo soy la resurrección y la vida; quien cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás” (Jn. 11, 25). Cristo realiza todo esto donando su Espíritu, dador de vida, en los sacramentos; particularmente en el bautismo que nos hace hijos de Dios; en el sacramento de la penitencia que nos reconcilia con el Padre y con los hermanos; en la Eucaristía “pan de vida” (cf. Jn. 6, 35), que nos alimenta y hace firmes nuestros pasos en la peregrinación terrena, hasta poder llegar a decir con el apóstol san Pablo: “Yo vivo, pero no yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Ga. 2, 20).

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