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Juegan el mejor partido de sus vidas, dos historias de entrega y esperanza

Juegan el mejor partido de sus vidas, dos historias de entrega y esperanza

Este Día del Padre, dos papás, a través del testimonio de sus hijos, reflejan cómo los valores cristianos han orientado cada decisión familiar.

 

Por Marianne Colmenárez

Cuando el Papa León XIV reflexionó recientemente sobre el fútbol como una escuela de vida, dejó una enseñanza que va mucho más allá de los estadios. “Quien no sabe pasar el balón, aunque tenga talento, aún no ha comprendido el juego. Y quien no sabe vivir con los demás y para los demás aún no ha comprendido la vida”.

La reflexión cobra especial sentido al conocer las historias de dos padres de familia, Arístides López Caicedo y David Samudio Garay. Estos panameños han recorrido caminos diferentes, pero coinciden en aspectos fundamentales.

Son esposos, padres de dos hijos, tienen matrimonios que superan las tres décadas y reflejan que la fe ha sido el fundamento que les ha permitido superar desafíos y construir hogares sólidos.

 

Una historia que nació en la parroquia

Arístides López tenía 17 años cuando comenzó a escribir la historia más importante de su vida. En la comunidad parroquial que hoy se conoce como María Madre de Dios, ubicada en Don Bosco, conoció a Melania Ruiz, quien entonces tenía 16 años.

Lo que inició como una amistad juvenil se transformó en un noviazgo que duró cuatro años. Más adelante, el padre Francisco Verar celebró el matrimonio que hoy suma 32 años de vida compartida.

Según Arístides, aquellos años de formación espiritual fueron decisivos para construir los cimientos de su familia. “Como humanos no somos perfectos, pero en este caminar el Señor ha sido maravilloso, transformándonos constantemente”, afirma.

Convencido de la importancia de la formación cristiana, sostiene que los padres deben acercar a sus hijos a Dios desde pequeños. “Hay que llevar a los hijos a Cristo”, expresa.

 

Juntos creando recuerdos para toda la vida.

 

La prueba más difícil

Como sucede en muchos hogares, el matrimonio López Ruiz enfrentó momentos de profunda dificultad. Uno de los más duros estuvo relacionado con problemas económicos derivados de decisiones financieras equivocadas.

“Fue tan grave la crisis, que un día solo teníamos 25 centavos y tuvimos que decidir quién usaría ese dinero para pagar el pasaje e ir a trabajar”, explica.

Aquella crisis trajo incertidumbre y también conflictos dentro del matrimonio. Incluso, llegaron a pensar en la separación.

“Gracias a Dios, su misericordia nos alcanzó. Yo pensaba que no necesitaba ayuda, pero era por miedo. Mi esposa fue fundamental y después llegaron hermanos del Movimiento Familiar Cristiano que nos acompañaron”, recuerda agradecido.

 

Rompiendo patrones

Padre de Melyaris, de 29 años, y Diego, de 22, Arístides reconoce que una de sus mayores motivaciones fue no repetir patrones que marcaron su infancia. Su padre fue un hombre proveedor, pero el alcohol terminó afectando profundamente la convivencia familiar.

“No tuve un buen ejemplo, pero con la gracia de Dios, uno puede rediseñarse. Les aseguro que es posible el cambio”, destaca.

 

El legado que reconocen sus hijos

Juegos y mucha complicidad unen a Matías con su abuelo.

Diego valora especialmente la disciplina y el acompañamiento recibido durante toda su vida. “Él es mi hombre de confianza; si necesito hablar con alguien, siempre será la primera persona a la que acudiré”.

Para su hija Melyaris, es el mejor papá del mundo. “Aunque ya estoy casada, sigue siempre presente, siendo mi contacto de emergencia; si lo llamo, me responde de inmediato. Dios nos regaló un gran papá y un excelente abuelo para mi hijo Matías”.

 

Una voz reconocida dentro y fuera de casa

Mientras Arístides ha servido a Dios desde la Pastoral Familiar en la Parroquia San Juan Apóstol de Brisas del Golf y su trabajo como ingeniero en Sistemas, David Samudio Garay ha construido una destacada trayectoria en los medios de comunicación. A sus 61 años, acumula más de 40 narrando la historia del fútbol panameño y actualmente dirige Deportes de Medcom.

Casado desde hace 35 años con María Antonella Spirito, es padre de Daniella, de 30 años, y Juan David, de 28.

 

El lanzamiento de su libro se convirtió en una celebración familiar para David Samudio.

En los últimos meses ha vivido momentos especialmente significativos, entre ellos la presentación de su libro “¡SALUUUDOS! 50 años siguiendo a la Selección de Panamá 1975-2025” y la cobertura de una nueva Copa Mundial de Fútbol.

Sin embargo, detrás del reconocido comentarista deportivo existe una faceta mucho más íntima que sus hijos conocen bien. Para ellos, la figura pública nunca eclipsó al padre presente y cercano que encontraron en casa.

“Lo que ves en televisión es exactamente como es en la vida real”, comenta Daniella con orgullo.

 

Una agenda llena, pero siempre presente

El periodismo deportivo exige horarios complejos, viajes constantes y largas jornadas de trabajo. Aun así, sus hijos aseguran que nunca sintieron su ausencia.

“Recuerdo muchos Días del Padre durante los mundiales. Como no podíamos celebrarlo de forma tradicional, íbamos al estudio a verlo narrar. Para nosotros era muy divertido”, relata Daniella.

Un padre presente en cada etapa de la vida.

También guarda con cariño los mensajes que encontraba escondidos en su habitación cuando él debía viajar por trabajo. “Siempre nos llamaba para preguntarnos cómo nos había ido en la escuela. A veces dejaba notitas con mensajes para que nos portáramos bien”, expresa.

Su hijo Juan David coincide en que la cercanía siempre estuvo presente, incluso durante los eventos deportivos más exigentes.

“Mi hermana y yo entendíamos que, cuando había un Mundial o unas Olimpiadas, papá siempre encontraba la manera de estar pendiente de nosotros”, dice.

En el hogar de los Samudio Spirito, la fe formó parte de la vida cotidiana desde la infancia. Las oraciones antes de dormir eran una práctica habitual y constituyen algunos de los recuerdos más significativos para sus hijos.

También recuerdan las lecturas de la Biblia para niños antes de dormir y el ambiente de fe que se respiraba en casa. Aunque reconoce que su madre impulsó especialmente la formación religiosa, observa con admiración cómo su padre a través de la Parroquia San Francisco de La Caleta ha fortalecido ese compromiso con el paso de los años.

“Antes no salía los domingos por la NFL, pero ahora pone la Iglesia y la fe primero”, destaca Juan David.