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La amistad es un regalo

Siguiendo nuestro plan pastoral, en este mes de febrero, queremos reconocer el valor profundo y espiritual que tiene la amistad entre los hombres y mujeres para ser una Iglesia fraterna y solidaria al servicio del Reino de Dios y descubrir que “quien ha encontrado un amigo, ha encontrado un tesoro” (eclesiástico 6, 14).

“En las cosas humanas, en efecto, nada podemos desear de más santo, nada se puede buscar de más útil, nada es más difícil de encontrar, nada se puede experimentar de más dulce, nada es más rico en frutos. La amistad, de hecho, da sus frutos en la vida presente y en la futura.

Un hombre sin amigos no tiene quien se alegre con él cuando las cosas le van bien o cuando comparte su tristeza en los momentos de dolor; le falta alguien con quien desahogarse cuando la mente está angustiada por alguna preocupación, alguien a quien poder comunicar alguna intuición genial o más luminosa que de costumbre.

Triste el que está solo, porque, si cae, no tiene quien lo levante. Está en la soledad más total aquel que no tiene amigo. Un amigo, dice el sabio, es una medicina para la vida (Eclo. 6,16). No hay, en efecto, en todo cuanto puede acontecernos en esta vida, medicina mejor, más válida o más eficaz para nuestras heridas que el tener un amigo que venga a compartir con nosotros los momentos de sufrimiento y los momentos de alegría, así que, espalda con espalda, como dice el apóstol, llevemos los unos las cargas de los otros (Gal. 6, 2). La amistad, por lo tanto, es la gloria de quien es rico, la patria de quien está en el exilio, la riqueza de quien es pobre, la medicina de quien está enfermo, la vida de quien ha muerto, la gracia de quien está sano, la fuerza de quien es débil, el premio de quien es fuerte” (cf. Elredo de Rieval, La amistad espiritual).

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