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La cruz de la mano de los migrantes

La Pastoral de Movilidad Humana de la Arquidiócesis de Panamá actualiza la devoción popular, reflejando el fenómeno de las migraciones.

Marianne Colmenárez

“Hemos recordado en cada estación el calvario que sufren quienes son forzados a vivir en el exilio”, así lo manifiesta Jorge Ayala, secretario ejecutivo de la Pastoral de Movilidad Humana de la Arquidiócesis de Panamá, quien explica a detalle como todos los viernes se han unido colaboradores y beneficiarios del Centro de Acompañamiento Integral a Refugiados y Migrantes Hogar Luisa para rezar el Vía Crucis del Migrante.

“Este ejercicio espiritual permite reavivar en la mente y en el corazón los momentos supremos de la entrega de Cristo por nuestra redención; pero a su vez reflexionamos sobre el fenómeno de las migraciones, uno de los grandes signos de los tiempos que vivimos”, afirmó.

DEVOCIÓN. El Vía Crucis o “Camino a la Cruz”.

El Santo Padre persistentemente toca esta temática desafiante de las migraciones forzadas y ha interpelado en su encíclica Fratelli Tutti,  a que en todas partes, tanto a nivel de Iglesia como de sociedades y estados puedan acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes y refugiados, para una buena convivencia entre las personas y los pueblos.

Los migrantes y refugiados presentan uno de estos rostros sufrientes de Cristo.

“Diariamente los noticiarios nacionales e internacionales presentan imágenes impactantes de lo que se vive en el mundo, en el tema migratorio, por esta razón debemos promover por todos los medios la solidaridad y el compromiso social”, reiteró Jorge Ayala.

Vivencia

Elvira Alemán, voluntaria del Hogar Luisa,  manifiesta que entre cantos y oraciones, pudo

acompañar a Jesús en su camino a la cruz, pero también de la mano de los más vulnerables, las personas refugiadas.

SACRIFICIO. Dar tiempo a las exigencias del amor.

“En cada estación veíamos una presentación audiovisual, que nos muestran imágenes impactantes de la realidad que viven tantas familias con sus niños, que se ven forzadas cada año a abandonar su hogar a causa de la guerra, la persecución política, la falta de trabajo u otras situaciones que ponen en peligro su vida”, dijo Matilde Guevara, usuaria del albergue católico.

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