CatequesisEspiritualidad

La espiritualidad es transformadora

La espiritualidad cristiana consiste en vivir según el Espíritu de Jesús, y es la puerta que moral y éticamente está abierta a las vías de la transformación. La espiritualidad siempre abrirá camino a la transformación. Estamos asistiendo en el momento de la historia que vivimos a una llamada urgente a la transformación en Cristo. Está tocando a nuestra puerta la conversión a la vida espiritual. Cada acontecimiento que hoy la Iglesia y el mundo está viviendo, es bueno leerlo y orarlo de esta manera, como lo que es en verdad: “una prueba de amor y de paternidad de Dios Padre al mundo que ha creado y no quiere se pierda por nada” (cf. Jn 17, 20-26). Dios nuestro Padre podría decirnos como a su tiempo dijo a Santa Teresa, quien un día pide a Dios poner orden a la situación negativa que la Iglesia estaba viviendo. El Señor le dice: Teresa “Haz lo que es en ti y déjame tú a Mí, y no te inquietes por nada. Goza del bien que te ha sido dado, que es muy grande” (CC n.10).

Orientados por la espiritualidad cristiana el mensaje lo recibimos a través de las injusticias que el mundo vive, de los maltratos y las vidas desajustadas que son noticia en diversas partes del mundo; a través de los abusos y los maltratos a las gentes, a través de la frialdad vocacional que se mira en la mayoría de los países, tanto a la vida laical comprometida, como a la vida matrimonial y familiar, como a la vida y fidelidad religiosa y ministerial. Todo nos invita a ver a Dios llamando, poniendo a prueba la fe de sus discípulos e invitándonos a volver a su Amor primero: “Tengo queja contra ti; que has dejado el amor primero” (Apoc 2,4; Jer 2, 2-5). Recordamos aquí aquella sentencia del Evangelio: “Y debido al aumento de la iniquidad, el amor de muchos se enfriará…” (Mt 24, 12-13).

Dios purifica a su pueblo porque lo ama (Prov 3,12; Heb 12,6-7). Volver a la vida espiritual, volver a retomar la vida según los principios de Cristo, porque ningún ser humano puede vivir sin espíritu, especialmente si se mueve con hondas motivaciones y convicciones. Ser espiritual es una apuesta por el seguimiento de Jesús, pero un seguimiento que es movido por el Espíritu; es vivir bajo la guía de Dios a través de lo que ya su espíritu comunique al creyente.

La JMJ y la espiritualidad hoy

La espiritualidad es ese trascender a Dios y dejar que él trascienda en la vida entera. Es esta la invitación a la juventud mundial en esta experiencia ya próxima a vivir. Una juventud llamada a la transformación en Cristo, llamada a encontrarse con Él y dejarse transformar, dejarse llamar; y permitir que la espiritualidad sea un camino hacia la luz, aquella que lleva a la verdad, y a la verdadera libertad interior que necesitan (Jn 8,32).

La vida espiritual es una vida entendida como “algo serio”, bonito, poético, de orden divino, por lo tanto, sagrada, una vida entendida como don, para dar y recibir. Los jóvenes que opten por llevar una vida espiritual, están decidiendo por hacer de su vida algo distinto, diferente, no algo raro, sino diferente de lo que hacen otros, los muchos. En el sentido cristiano estamos hablando de, la forma que la juventud está llamada a la vida coherente con el Evangelio, para asegurar esa paz y armonía que necesita para realizar el proyecto de vida que el Señor les pida.

La espiritualidad debe llevar al joven creyente a discernir los signos de los tiempos, desde los que afectan al orden global, como aquellos que tocan profundamente su existencia. Hoy más que nunca, la espiritualidad está llamada a ser luz en medio de la nebulosa que absorbe al ser humano. La espiritualidad como camino, como sendero, como vía de luz y de realización. Junto a la juventud, la humanidad toda está llamada a comprenderse desde Dios y a él tiende, pues no se es para la religión, se es para una vida con sentido. Bienvenida sea la JMJ que garantiza esta transformación de la vida ordinaria a vida espiritual de veras. Urge llegar hoy con esta vida, esta garantía a toda la juventud.

La cuestión está planteada: la espiritualidad se expande a medida que crecen las dimensiones para entender el mundo, la persona y la realidad, y todo esto desde Dios. En la JMJ Dios viene una vez más al joven, para encontrarle y ofrecerle esta nueva vida que se alimente de Él, de su sabiduría y su presencia. Oremos unos por otros para que esta promesa se haga realidad en el corazón y vida de toda la juventud del mundo, representada en la que es llamada a participar de esta próxima JMJ.

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