La voz del pastor

La Luz Pascual

Monseñor Rafael Valdivieso Miranda

Nos hemos preparado para vivir el Misterio mas grande de nuestra esperanza, la Pascua del Resucitado; así como hemos vivido esta preparación durante una Cuaresma marcada por la realidad tan particular del aislamiento o cuarentena por la grave situación de la pandemia del Covid-19 que ha estremecido el mundo entero, generando un ambiente de temor, incertidumbre. Hemos vivido una Cuaresma diferente, encerrados en casa, conviviendo más intensamente con los familiares y personas que habitan bajo un mismo techo.

De modo similar, resultará extraña vivir esta gran Solemnidad, que ha estado siempre acompañada de un ambiente de fiesta, de ágapes, de muchos signos que expresan la alegría de que Él Señor ha vencido el pecado y la muerte. La Cuaresma fue muy especial por el hecho de experimentar sacrificios, mortificaciones, renuncias propios de los cuidados frente a la cuarentena como prevención para evitar la expansión de la pandemia.

Situación que nos tomó de sorpresa en la preparación para la Semana Santa, donde se programaban y organizaban las grandes celebraciones con sus signos y aspectos significativos en cada celebración, procesiones, Vía Crucis y otros elementos que enriquecen este tiempo mayor. Los proyectos de estas celebraciones, para vivir en comunidad, que fueron disipados por esta difícil realidad que enfrentamos. 

Jamás se encontraría una respuesta cierta del por qué tuvimos que vivir estos tiempos, las situaciones de crisis que ha tocado el corazón de cada miembro de nuestra familia y en el mundo entero. Pero el Señor, que venció el pecado, el dolor y la muerte, sigue caminando con nosotros y se revela en cada acontecimiento de nuestra historia. Solo a la luz de la Fe podemos asumir y abrazar los momentos difíciles, con la esperanza y la confianza que Él siempre acompaña e ilumina a su pueblo.

Del mismo modo como nos ha iluminado a la luz de la Palabra, que hemos meditado durante esta Cuaresma, que nos ha permitido darle un sentido nuevo a esta crisis, a las circunstancias negativas que nos han marcado para vivir una auténtica preparación para el gran misterio de la Resurrección; del mismo modo nos ilumina para vivir una auténtica Pascua. Aquel que enciende la luz radiante en nuestros corazones para sentir desde lo más profundo, que él vence la oscuridad, vence el dolor y los miedos, dándonos la certeza que ha vencido al mundo. Que la luz que resplandeció aquella noche de nuestra redención, sigue resplandeciendo hoy en medio de las tribulaciones.

El inicio del cristianismo estaba marcado por dos aspectos significativos:

  • EL MIEDO: los discípulos tenían miedo a los judíos, temían correr la misma suerte del Maestro de ser ajusticiados, ser crucificados. La Cruz los venció, los llenó de miedo al punto de salir corriendo, abandonando al Señor, al punto de sentirse desanimado, de perder toda aquella esperanza que Él les había sembrado, se sintieron tan derrotados que llegaron a esconderse, a estar a puertas cerradas. Situación que también vivirán los primeros cristianos, el terror a las persecuciones y martirios tan crueles a los que eran expuestos, todo el sufrimiento que marcó el inicio del cristianismo.
  • LA ALEGRÍA: ante el impacto de la Cruz que los llenó de un inmenso miedo, la presencia del resucitado les devuelve la alegría, la alegría de vivir una permanente Pascua en medio de las persecuciones, de enfrentar los temores y denunciar a aquellos que crucificaron al Autor de la vida, al hacer del misterio Pascual de Cristo el centro de toda la predicación apostólica, lo que infundía la esperanza y la confianza que la presencia del Resucitado suscitaba en la comunidad cristiana, la fuerza de reunirse en su nombre, de vivir gozosos que en Cristo, todo ha sido vencido.

Esta nueva, pero diferente Solemnidad Pascual que vivimos en este 2020, pudiera estar marcada por el temor y no tener la certeza del término de esta pandemia, de los peligros y las consecuencias sociales que afectan a todo el genero humano en el mundo, en la salud y la estabilidad social que nos preocupa a todos. 

Este tiempo de Cuaresma y Semana Santa ha estado marcado por el miedo, la incertidumbre, el sentirnos desorientados e impotentes.

En medio de esta oscuridad, de esta nueva manera de entender la Cruz, aunque las dificultades y sufrimientos no terminaron al inicio del camino de los Apóstoles, ni la Cruz, ni la persecución, ni el martirio. La experiencia del Resucitado disipó la oscuridad en su interior, se les abrió el entendimiento, comprendieron cual es la luz que realmente iluminara al mundo, que lo llenara de alegría… “Él es el camino, la verdad y la vida”, Él ha vencido al mundo, es Él que habita en nuestro corazón.

Las pruebas de la vida son muchas veces inevitables, son parte del camino, de la experiencia humana; y esta prueba que afrontamos todos los seres humanos ha sido de las más impactantes en las últimas décadas. Después de cada crisis siempre se da una enseñanza, una luz que nos ayuda a comprender mucho más nuestra condición humana, frágil y necesitada de Dios; que ante esta situación, podamos todos experimentar el misterio Pascual en el hoy, en nuestras familias, que con la misma intensidad que hemos vivido hasta hoy el temor, podamos también experimentar la alegría de la Pascua y la confianza que Él es el autor de la vida y de la historia.

Vivamos a plenitud esta Pascua tan diferente y como los primeros cristianos, demos testimonio que Cristo Vive, que ha vencido la muerte y nos invita a participar de este gran misterio, siendo testigos de su luz, de la alegría y esperanza en medio de la tribulación. 

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!

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