Clero

La misión en tiempo de pandemia

El tercer domingo de octubre celebramos el DOMUND, es decir el Domingo Mundial de las Misiones.

P. José-Román Flecha Andrés

En el mensaje que el papa Francisco nos ha dirigido para la jornada de este año 2020 ha tomado como lema las palabras “Aquí estoy, mándame” (Is 6,8). Con ellas el profeta Isaías responde  a la pregunta del Señor: “¿A quién enviaré?”.

La pandemia del coronavirus nos ha hecho recordar que todos,  estamos en la misma barca, como afirmó el Papa en aquella impresionante oración del 27 de marzo en la Plaza de San Pedro. En esta crisis mundial, esa llamada que viene del corazón de Dios interpela tanto a la Iglesia como a la humanidad.   

En esta hora de temor, de dolor y de muerte  “la llamada a la misión, la invitación a salir de nosotros mismos por amor de Dios y del prójimo se presenta como una oportunidad para compartir, servir e interceder”.  

 Los creyentes sabemos que “la vida humana nace del amor de Dios, crece en el amor y tiende hacia el amor”.   En Jesús de Nazaret hemos visto el icono de la entrega, que la Iglesia trata de continuar en la historia. Por eso nos envía como testigos de la fe y mensajeros del Evangelio, para que Dios siga manifestando su amor  al mundo.

La pandemia se supera en la medida que superemos nuestra egoísta indiferencia ante lo que viven y sufren los demás.

En este tiempo de pandemia nos interpelan la enfermedad, el sufrimiento, el miedo y el aislamiento,  pero también la pobreza de los que mueren solos, de los desahuciados, de los que pierden sus empleos y salarios, de los que no tienen hogar ni comida.

Es verdad que  las autoridades nos exigen mantener la distancia física y permanecer más o menos confinados, pero hemos de mantener las relaciones sociales, y también la vivencia religiosa. Los signos de fraternidad con los demás y la oración que nos une a Dios han de hacernos superar la indiferencia y la desconfianza.  

Según el Papa, la imposibilidad de reunirnos como Iglesia para celebrar la Eucaristía nos ha hecho compartir las dificultades de muchas comunidades cristianas que no pueden celebrar la Misa cada domingo.

En este contexto, la pregunta que Dios hacía al profeta: «¿A quién voy a enviar?», se renueva y espera nuestra respuesta decidida: «¡Aquí estoy, mándame!» (Is 6,8).  

La Jornada Mundial de las Misiones nos recuerda que la oración, la reflexión y nuestra ofrenda económica manifiestan nuestra voluntad de  participar activa y generosamente en la misión de la Iglesia en el mundo.  

Esas prácticas habituales en torno al DOMUND adquieren este año un carácter muy especial. Con ellas afianzamos y manifestamos nuestra solidaridad y fraternidad con los demás y nuestra confianza filial con el Dios que nos ha mostrado su amor en Jesucristo.

En realidad, la superación de esta y de todas las  pandemias pasa por la victoria sobre nuestra egoísta indiferencia ante los demás y sobre nuestra orgullosa autosuficiencia ante Dios.

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