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La pornografía destruye los matrimonios y las familias

El hábito de mirar pornografía por Internet puede empezar como una simple curiosidad, ya sea al encontrar un aviso publicitario o un mensaje electrónico algo picante o, al caer de casualidad, en uno de esos sitios en línea.

Quizás él se sienta estresado por su trabajo o esté algo aburrido de su vida o esté buscando algún tipo de entretenimiento. Los factores que pudiesen conducir al desarrollo del hábito de mirar pornografía incluyen el estrés, los conflictos conyugales, el egocentrismo o el “principio del placer” un término freudiano para calificar el deseo de evitar el dolor y buscar la satisfacción inmediata.

Otros conflictos emocionales y personales que pudiesen llevar a la adicción incluyen: una pobre imagen corporal, un excesivo sentido de responsabilidad, la falta de equilibrio en su vida, la desconfianza en los demás, el aislamiento social, la falta de aceptación de parte de sus semejantes y una ira reprimida.

Para algunos adictos a la pornografía, la obsesión puede llegar a tal punto que las imágenes y los encuentros en línea ya no logran satisfacer sus deseos. Entonces buscan ser protagonistas de sus propias fantasías pornográficas, por ejemplo, buscando encuentros sexuales casuales, utilizando prostitutas”, inclusive, en el abuso sexual de otra persona. Algunas veces es el hombre pero, con más frecuencia, son las esposas quienes primero se dan cuenta que sus esposos tienen este problema. La mayoría de las espo-sas consideran, que el uso de la pornografía por parte de sus esposos es una traición tan fuerte y tan dañina como si hubiesen come-tido adulterio.

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