editorial

La Sagrada Familia

Cada vez nos cuesta más proteger la institución familiar, porque los ataques del mundo secularizado se multiplican sin cesar. Con conceptos nuevos, aunque ya no tanto, que la desvirtúan, al menos en el lenguaje de uso común, se intenta separar la verdadera familia de las nuevas concepciones que, en el fondo, son vacías y carentes de sentido natural.

Se insiste en desintegrar la auténtica familia, con el afán de hacer una hecha a la medida y al capricho de cierta corriente mundana. Una corriente que arrastra a muchos.

La Iglesia mantiene como prioridad la promoción y la defensa de la familia a imagen de la de Nazaret, de la cual depende la conservación y el abono de valores de una generación a otra.

Es en la familia en donde se conjuga fe y la vida, y en donde actúa el Espíritu de Dios para tornar la iglesia doméstica en santuario de la vida incorporándola, así, a su pueblo santo.

Dios quiso nacer en el hogar de una familia humana, tener un padre y una madre, adquirir de ellos criterios y modelos de bienaventuranza. De ahí que el pesebre de Belén presente a Jesús junto a la Virgen María y a San José.

Que en esta solemnidad de la Sagrada Familia podamos descubrir en el ejemplo de la Virgen, su esposo Justo y el Hijo bendito, el amor inmenso del Padre y la misión que tanto en el mundo como en la construcción de su Reino tiene, para todos nosotros, la sociedad familiar.

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