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Pacto del Bicentenario: que el fruto sea la equidad social

En esta nota se responden dos preguntas básicas: ¿cuáles son los temas que deben prevalecer en el diálogo? y ¿cómo evitar que el pacto caiga en saco roto, como ha ocurrido en otros procesos realizados desde 1990 a la fecha?

Eduardo Soto P. / esoto@panoramacatolico.com

El gran temor es que el diálogo previo al Pacto del Bicentenario de la República quede en nada, que el pacto mismo no se cumpla, y todo culmine en tiempo y dinero perdidos y más frustraciones.

Pero la Iglesia Católica camina en la esperanza, y nunca se paraliza por el temor. Por eso ha iniciado procesos para intentar dar impulso al diálogo, en búsqueda de resultados concretos y aplicables.

ESCÁNDALO. No puede ser que exista pobreza extrema en un país que genera tanta riqueza. Eso debe acabar.

Los obispos

Monseñor Manuel Ochogavía Barahona, osa, obispo de Colón-Kuna Yala y Secretario de la Conferencia Episcopal Panameña (CEP) enfatizó que el diálogo del Bicentenario debe ser inclusivo, nadie debe quedar fuera.

“Debe integrar a todos los actores, desde el sector laboral, la academia, el sector económico, los campesinos. Se debe traer a todos a la mesa para construir el bien común”, señaló el obispo.

Monseñor Ochogavía subrayó: “La clave de esto es construir el bien común de un país que debe levantarse sobre la democracia”.

Las injusticias

Un aspecto que destacó el Secretario de la CEP es que “la justicia debe ser una de las prioridades”.

“No solo se trata de castigo al delito, sino de lograr la equidad social”, resaltó el obispo de Colón-Kuna Yala, ambas regiones muy deprimidas en los económico y lo social.

Monseñor Manuel Ochogavía catalogó como “un escándalo” que en Panamá existan tantas personas viviendo en pobreza extrema, siendo un país donde se genera tanta riqueza.

“Por eso debe ser un diálogo que apunte hacia una sociedad con equidad, donde todos se sientan partícipes y responsables del bien común”. 

La Iglesia en la mesa:
  • Diálogo: Es un instrumento idóneo. La Iglesia cree y participa.
  • Reformas: El país debe reestructurarse en lo profundo que permita la gobernabilidad, al tiempo que genera desarrollo humano integral.
  • Confianza: Hacen falta políticas públicas que propicien la transparencia. Sin eso, es difícil creer en el diálogo.
  • Objetivo: Hacer puentes entre los actores para lograr un Panamá mucho más justo, equitativo y solidario.

“No más de lo mismo”

“El diálogo también debe dar como resultado un proyecto de Estado, que pueda ser sostenible en el tiempo”, subrayó el obispo.

Lo que a su juicio no puede volver a ocurrir, es que las conversaciones y planes queden en nada.

Quienes participen deben poner de su parte, y lograr un acuerdo de todos para respetar lo que salga del diálogo; para poder garantizar que los procesos se den”.

Y sentenció: “No podemos seguir construyendo un país sobre el oportunismo y la politiquería; No podemos seguir construyendo un país donde se mira para otro lado frente a problemas que son cruciales en una nación tan pequeña”.

Es importante blindar el diálogo, señaló el Secretario de la CEP, “protegido de la influencia de sectores poderosos”.

Ochogavía coronó su reflexión así: “Hay que evitar que cada vez que suba un gobierno deseche lo que se había hecho. Debemos evitar esa esterilidad de procesos que mueren en la cuna”.

FORMACIÓN. Es una oportunidad para formar a nuestra gente y generar participación.

Justicia y solidaridad

Por su parte el Arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa Mendieta, sostuvo que como país debemos “caminar hacia un bicentenario en justicia y solidaridad, con memoria agradecida, para que nos recuerde que nuestra patria es un don de Dios confiado a nuestra libertad, como un regalo que debemos cuidar y perfeccionar”.

“Tenemos la valiosa oportunidad de aprovechar este Bicentenario para que crezcamos en amor a nosotros y a nuestra patria”, señaló el Arzobispo, quien subrayó que se abre un camino estupendo para “fortalecer nuestra identidad, recuperando aquellos valores que han sido los cimientos de esta nación”.

Monseñor Ulloa señaló cinco puntos básicos que deben estar en la agenda del diálogo por el Bicentenario:

1. La promoción de un crecimiento económico persistente y autosostenible.

2. La gradual separación de los muros de desigualdades y exclusiones.

3. Incorporación tecnológica y modernización de los sectores productivos.

4. La elevación de los niveles educativos en cantidad y calidad.

5. Reconstrucción del tejido familiar y social, base de toda sociedad.

Ventana que se abre

Maribel Jaén, Secretaria Ejecuviva de Pastoral Social-Cáritas, que aglutina a la Comisión de Justicia y Paz, señaló que si bien el diálogo es una oportunidad para que la Iglesia también haga públicas sus “recetas” desde el laicado, los movimientos y las parroquias, lo más importante es que se debe animar y formar a la gente para que participe y adquiera un pensamiento crítico, y se vayan desarrollando los líderes del mañana”.

“Ante la estructura y la cultura clientelar que rige el país, el papel de la Iglesia es generar un pensamiento crítico desde las comunidades, y que aprendan a participar, a dialogar, a construir escenario y a analizar la realidad”, indicó Jaén.

La licenciada Jaén se esforzó en destacar: “A partir de ahora las comunidades deben poder construir puentes con las autoridades para que tomen el control de sus vidas. Todo esto con el objetivo de formar liderazgos más éticos. Ese debe ser el papel de formación que debe tener la Iglesia en esta coyuntura y en el futuro”.

ESTÉRIL. “El diálogo no servirá de nada si no resulta en un proyecto de Estado”: Monseñor Manuel Ochogavía.

Renovar la Iglesia

Pero la realidad del Bicentenario no es solo de puertas hacia afuera de la Iglesia. También es una oportunidad para hacer las cosas nuevas a lo interno, según indica Maribel Jaén.

“Creo que llega el momento de iniciar un proceso de reorganización para lograr una visión integral de lo social” en la Iglesia, dijo.

Y agregó: “Llegó la hora abandonar la visión atomizada de nuestras pastorales”.
 
 
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