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¡La tierra grita!

La pobreza, el crecimiento de las ciudades, el cambio climático y la degradación medioambiental están cambiando el equilibrio natural de la tierra y haciendo más vulnerables las poblaciones a los desastres naturales, que en la última década causaron más de 880 millones de muertes.
La Estrategia internacional para la reducción de desastres (ISDR) de la ONU ha publicado el informe “Vivir con el riesgo”, destaca que el 90 por ciento de los desastres se producen en aquellas áreas de población vulnerable en países donde las labores de prevención y preparación son mucho menores.
Entre 1975 y 2000, más de 1.340 millones de personas de países de bajos ingresos fallecieron a consecuencia de desastres, frente a las 27.000 personas de países ricos.
La sentencia del caso ‘Prestige’ (barco petrolero que se hundió en noviembre 2002 en las costas gallegas, vertiendo más de 60.000 toneladas de fuel de las 77.000 que transportaba) trae a la memoria a los peores desastres provocados por la mano del hombre.
Las explosiones nucleares en Chernobyl y Fukushima, la nube tóxica en Bhopal, los seísmos en la costa valenciana por la Plataforma Castor de perforación petrolera(2013) entre muchos otros, han escrito con letras de horror la historia de las catástrofes medioambientales. Son negligencias, malas decisiones o, incluso, intencionalidad debida a intereses económicos, pueden provocar catástrofes con miles de muertos que pocas veces terminan con un culpable.

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