SEMPER GAUDENS

La voz que grita en el desierto

Pablo Quintero

San Juan Bautista vino a preparar el camino para el evangelio de nuestro Señor Jesús.  Vino como testigo para dar testimonio de la luz que salvaría al mundo.  El predicaba el verdadero arrepentimiento, la condición esencial para convertirnos y poder recibir la gracia salvífica que nos ganaría el Señor con su pasión, muerte y resurrección.  Nuestro Señor es infinitamente misericordioso, pero también es infinitamente justo.  Él solo quiere nuestro amor; nuestro corazón y nada más. 

Cuando nos convertimos a Dios, nos damos cuenta que cada vez que pecamos ofendemos a un Dios infinito que nos ama. Y por esa razón tratamos de seguir sus mandamientos para no ofenderlo más. Cuando Dios ocupa el centro de nuestro corazón, el lugar que le pertenece, entonces todo en nuestra vida se va ordenando y como consecuencia empezamos también a amar al prójimo como a nosotros mismos. 

Muchas veces es difícil predicar el verdadero evangelio porque la gente piensa que los estamos juzgando.  Los actos se pueden juzgar, lo que no se puede juzgar es la intención del corazón de nuestro hermano, eso solo lo puede hacer el Señor.  San Juan Bautista le dijo a Herodes que cometía adulterio al estar con Herodías, la mujer de su hermano y eso le costó la vida.  ¿No hizo San Juan Bautista un acto de amor al advertirle al rey que su pecado público le podía costar la vida eterna?  Nuestro Señor nos perdona todos los pecados, pero tenemos que convertirnos y arrepentirnos.

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