Curso BíblicoEspiritualidad

Una ventana entre la vida y la Biblia – los restauradores o judaísmo

Ciro da libertad a los judíos y se inician las bases de la reforma del judaísmo.

El período de las restauraciones del templo, las murallas de Jerusalén y la organización del pueblo, abarca del año 539-333 a.C., el centro de atención es Jerusalén y lo podemos leer en el Tercer Isaías (55-66), en Zacarias, Ageo, Joel, Esdras y Nehemías.

La historia comienza cuando Ciro, rey de Persia, conquista Babilonia y da libertad a los judíos.  Algunos se quedan en Babilonia, otros se van a Egipto, pero muchos regresan poco a poco a Israel a trabajar y restaurar su tierra que se encontraba en ruinas.

Zorobabel con el apoyo del profeta Ageo, reconstruye el Templo y años más tarde, Nehemías, nombrado gobernador, reconstruye las murallas de Jerusalén y organiza la administración del país.  Pero todos estos trabajos resultaron pesados y provocaron malestar en el pueblo.

Lo importante no es reconstruir las murallas, sino reconstruir el pueblo en torno a Yahvé.

Podemos leer en el Tercer Isaías (Caps. 55-66), que el profeta procura estimular a la comunidad que salió del exilio y se reunió en Jerusalén diciéndoles: “Lo importante no es reconstruir las murallas, sino reconstruir el pueblo en torno a Yahvé”.

Cuando los hebreos vuelven a la Tierra Prometida, comenzaron a vivir en comunidad, gobernados por hombres de su raza y regidos por la Ley de Moisés.  Esto les exigió una lealtad fácil de guardar ante un poder central respetuoso de sus costumbres.  Fue un acontecimiento de gran importancia:  se trata del nacimiento del Judaísmo, preparado en las largas meditaciones del Destierro y ayudado por la intervención de hombres providenciales.

Podemos decir que el padre del Judaísmo fue el sacerdote Esdras, quien puso como eje la reconstrucción de la comunidad en torno a la Ley, y quien aglutinó al pueblo a través de tres ideas centrales: la sangre o raza, el templo y la ley.

La experiencia de Dios

En este periodo, la experiencia de Dios es doble:  Isaías y sus discípulos hacen una experiencia de un Dios universal, Israel, luz de las naciones; en tanto que Esdras, reduce a Dios al tamaño de la Ley y del Templo, dejando en la penumbra la otra cara del Dios de Israel:  su Misericordia.

Surge en Israel una idea errada, se sienten raza escogida y privilegiada de Dios y no un pueblo con una misión.

Los libros de Esdras y Nehemías son importantes para la historia de la Restauración judía después del destierro.

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA POSTSINODAL

“CHRISTUS VIVIT”

 (248-249)

La vocación

La palabra vocación puede entenderse en un sentido amplio, como llamada de Dios. Incluye el llamado a la vida, a la amistad con Él, a la santidad.

Esto es valioso porque sitúa toda nuestra vida de cara al Dios que nos ama y nos permite entender que nada es fruto de un caos sin sentido, sino que todo puede integrarse en un camino de respuesta al Señor, que tiene un precioso plan para  nosotros.

Papa Francisco, en la Exhortación Gaudete et exultate, se quiso detener en la vocación de todos a crecer para la gloria de Dios y se propuso hacer resonar una vez más el llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual con sus riegos, desafíos y oportunidades.

Lumen Gentium 11 nos ayuda a renovar la conciencia de este llamado, y dice:  “Todos los fieles cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre”.

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