Diócesis

Las comunidades eclesiales de base buscan salvar la Casa Común

Joaco A.

La salud de la humanidad está en crisis, y ante el llamado urgente del Papa Francisco de salvaguardar la Casa Común, no valen cambios cosméticos, envueltos de falsos ecologismos, se necesita una verdadera conversión ecológica, que nos lleve a ser colaboradora de un cambio sistémico, y en esta misión, la Iglesia es el gran referente.  

Para alcanzar esta meta, hay que acabar con la miopía política, que frena la agenda ambiental y no es capaz de sacar adelante una propuesta de un proyecto nación, basado en garantizar el futuro de las nuevas generaciones. Pero antes es necesario, además, recuperar la economía local, que genera un mayor sentido comunitario, amor a la tierra y siempre piensa en la población 

Si los ciudadanos no controlan el poder político, desde lo local, tampoco controlarán los daños ambientales, ni las legislaciones municipales, para que sean más eficaces defendiendo de esa manera los territorios.

Un nuevo paradigma

La Encíclica Laudato Si (LS) pide un cambio en el sistema económico, un nuevo paradigma que coloque a la economía y la política al servicio de la humanidad y del Bien Común. No puede permitirse que las crisis las pague la población y no se hagan cambios serios en el sistema. 

Se necesita un nuevo paradigma que ayude a entender que el progreso no está montado sobre el desarrollismo y el crecimiento ilimitado. La Casa Común tiene recursos limitados y finitos, y el crecimiento no es sostenible.

La realidad exige un modelo más creativo e inteligente, que propicie una economía circular y donde se reutilice, refuncionalice y reciclen las materias y materiales. Es mucho más rentable y generador de empleo que los sistemas depredadores actuales.

Frente a todo esto, según lo expresado en la Encíclica, se necesita cambiar el modelo de “desarrollo global” para que surjan nuevos modelos de progreso. Con lo que desmorona el falso discurso escondido bajo el tema de “desarrollo sostenible”, que pretende tener valores ecológicos, sin cambiar la lógica de las finanzas, ni las formas tecnológicas de producir. 

Y bajo el tema de “desarrollo sostenible” surgen las llamadas empresas, con responsabilidad social empresarial que hacen acciones de propaganda e imagen y obteniendo ganancias, pagando una ínfima parte de los costes, y con ello se lavan las manos, o más bien sus conciencias. 

En el analisis de esta realidad, las Comunidades Eclesiales de Base -“Petrus” de Dominical- poco a poco va entendiendo y dando pasos para cumplir con el mandato de Francisco a su Iglesia, utilizando la metodología de planificación pastoral: ver, iluminar y actuar. En esta edición iniciaremos con el “ver” se propone analizar valoraciones y comportamientos.

La mirada que viene de la fe y de la tradición de la Iglesia y la mirada que llega desde la historia, unidas a la luz del evangelio, lleva a la comunidad eclesial a actuar comprometidamente en la Casa Común, sin olvidar celebrar con profunda fe, la vida. 

VER 

La región del cordón fronterizo está bañada por cortos y bravíos ríos, como: Río Sereno, Caizán, Caña Blanca, Pavón que alimentan el Río Chiriquí.

Hace unos 100 años era una gran montaña, con muchos restos de poblaciones autóctonas. Esas montañas, poco a poco, bajo el sistema de “roza y quema” fueron” colonizadas”. Por supuesto que eran familias campesinas sin tierra que vieron una posibilidad de mejorar su vida las que se asentaron.  

La tala viene acompañada de la siembra del maíz, frijol, zapallo, yuca y arroz como base del alimento, junto con las aves de corral y el puerco, hasta que naciera el pasto para introducir ganado. Ese era el objetivo final.

Con el discurrir de los años, se fueron dando varios intentos de producción que dieran dinero: la caña unida al trapiche, el tabaco, el frijol, zapallo… siempre con monocultivos. Por supuesto que con la tala se introdujo el negocio de los madereros, que con equipos pesados y motosierra fueron adelantando el desmonte.

Hoy se introducen nuevos cultivos en invernadero, donde aparece el tomate, pepino, ají y sukini. Siempre se espera mejorar y dar mejor vida a la familia. 

El campesino se da cuenta de la necesidad de tener alguna organización que lo ampare y busca la solución en las cooperativas, que subían rápidamente y caían de igual manera. Por diversas causas fueron desapareciendo y desacreditándose las organizaciones.

En los comienzos del siglo XXI viene otra incursión en la región, que traería el desarrollo ilusionante a la población. Las hidroeléctricas de Slim: por supuesto que dieron trabajo mientras se hicieron y algún beneficio momentáneo, pero las consecuencias nefastas sobre el medio ambiente y la salud de las personas o sobre la familia todavía se pagan hoy. 

Hay una leyenda hermosa que da el nombre a Dominical. Como había muchos entierros o huacas indígenas, los huaqueros esperaban encontrar una “plátana dominica” de oro. Decían que estaba marcada su posición en los varios petroglifos, que pululan en por los antiguos asentamientos. Pero aún no se ha encontrado.

Dentro de la memoria histórica de la comunidad, siempre sale a relucir una palabra llena de carga simbólica: “la peonada”.

 Es el método de trabajo del campesinado, muy común entre las tribus originarias, que consiste en ir a trabajar la tierra de una familia campesina, sin jornal ni dinero, sólo por la comida y la chicha. 

Al realizar el trabajo se ganaba un peón, para la futura peonada a realizar en las tierras de otra familia. Se daba un intercambio de mano de obra. Esa forma de trabajo permitía asegurar la “comida del año” de la familia. Se reforzaba una economía familiar y se garantizaba la subsistencia y sobrevivencia de toda la comunidad que participaba del trabajo.

La fuerza de trabajo, no se compraba, ni se vendía. Tampoco se daba una excesiva acumulación de riqueza en pocas manos, había una igualdad social. Por supuesto que siempre hay zánganos y algunos que caen en placeres falsos que los destruyen.

 Al escuchar los relatos de “la peonada” hay una ausencia del trabajo de la mujer, oculto y callado, pero de vital importancia para el éxito. Garantizaba la buena comida desde el desayuno a la cena, junto con la chicha. Comida que salía de las gallinas de su corral, del molino de maíz o del pilón de arroz. Es decir que su aporte económico era y es muy grande. Las mujeres aseguraban la buena salud, la convivencia y la alegría a la hora de cantar y danzar.

Aprender de los errores 

Al recordar el caminar se intenta el profundizar sobre algunas cosas que no se hicieron bien y que a la larga causaron daño. Al perder “la peonada” se pierde un modelo, un caminar, una señal de identidad y parte importante de la cultura.

Próxima edición

Continuando con la metodología del ver, iluminar y actuar, en la próxima edición veremos el “iluminar” que se centra en la revisión de vida y propone tomar posición frente al hecho analizado. El tercer momento es el actuar que determina aquellas actitudes, que deben cambiar y ser transformados, para finalmente tomar las acciones que se van a desarrollar.

Lecciones que debemos aprender 

***.- Se pierde la convivencia y la conciencia social y se refuerza el individualismo.

***.- Se compra la mano de obra con dinero. Ya no hay cambio de mano.

***.- Para poder asegurar la comida de la familia es necesario tener una fuerte suma de dinero. Si antes a la peonada asistía unas 80 personas a las que no se pagaba, ahora se necesita el dinero para pagarles un salario. No todo el mundo tiene $1,000.

***.- Muchos se fueron a salariar y al hacerlo perdieron los ritmos de cosecha o incluso dejaron de cosechar; vieron en el salario una mejor posibilidad.

***. – Otro grupo abandonó las tierras o las mal vendió para irse a la ciudad a “buscar mejor vida”.

***.- Aparece con fuerza el especulador o intermediario, que mal compra el fruto del trabajo y empobrece a la familia campesina, pues se lleva su ganancia.

***.- Aparece el falso ídolo dinero y enturbia la mente y daña los corazones e impide la organización. Crece el egoísmo y el juega vivo.

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