Variedad

Laudato si “Entender y proteger nuestras raíces

Durante el 2019 se realizó el programa sobre Ciudadanía Ecológica con el apoyo de la fundación Konrad Adenauer, en el que participaron delegados de la Arquidiócesis de Panamá, Diócesis de Penonomé, David y Colón. Se logró capacitar a 90 líderes de distintas pastorales y con gran experiencia en trabajo eclesial. Sus vivencias del cuidado de la casa común eran amplias y enriquecieron el intercambio de experiencias, permitiendo así un ambiente de comunión y fortaleciendo los lazos de hermandad, solidaridad en beneficio de nuestra sociedad.

La dinámica del programa fue divido en tres encuentros: Conversión Ecológica, Ciudadanía Ecológica y Nueva Solidaria Global, además de talleres de identidad común y mecanismo de participación ciudadana para generar incidencia socioambiental como nos invita a la encíclica.

Algunas de las reflexiones surgidas de estos encuentros fueron:

– Las nuevas realidades que vivimos en nuestra sociedad son producto de un sistema económico injusto que implanta las culturas del descarte e individualista, acabando con la cultura de comunión y del encuentro.

– La cultura del descarte se expresa en el alto índice de desigualdad que tiene nuestro país. Un sistema que excluye y divide sometiendo a las comunidades a sus intereses, que solo les ve como un medio para permitir su reproducción y por tanto arrasa con nuestra casa común.

– La cultura individualista se expresa en la xenofobia, rechazo a los pueblos indígenas, en la violencia contra la mujer, aparafobia (rechazo al pobre) y en la expulsión de pueblos campesinos de sus medios de vida. 

– Muchas comunidades hoy viven sumida en la pobreza, son excluidas de sus derechos y organizarse es la única forma de poder generar resistencia a este sistema antivida.

– Al no poder tener acceso a mis derechos, se nos hace imposible cumplir con nuestros deberes y se altera el equilibrio social apareciendo la injustica y dando paso a la ley del más fuerte. 

– La cultura del encuentro nos permitirá volver a recuperar ese sentido de pertenencia a nuestra realidad y generar nuevos procesos de organización.

– Para una participación eficaz se necesita sentirse parte del otro, saber que las problemáticas comunitarias solo se resuelven en la medida que todos nos involucremos.

– Ante una cultura descarte, debemos generar espacios para el encuentro personal y permitiendo una visión autocrítica, partiendo de un profundo discernimiento que nos permita saber qué camino tomar.

– Las acciones emprendidas siempre deben tener de pilar el bien común, generando así procesos inclusivos y que respeten la diversidad de opiniones y criterios para actuar.

– La iglesia no escapa de esta realidad.

Es necesario redescubrir la esencia del

Evangelio y retomar el camino de un

anuncio liberador.

Este proceso vivido nos permitió revivir ese encuentro, como afirma el Papa emérito Benedicto XVI: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una persona, que da un nuevo horizonte a la vida”.

Artículo anterior

Amar y servir: esto es libertad

Siguiente artículo

Soberanía: no es un caso cerrado