Espiritualidad

Lectura orante de la biblia

P. Miguel Ángel Keller, OSA

Disponemos hoy de muchas posibilidades para alimentar nuestra espiritualidad: Padres de la Iglesia, Magisterio del Papa y los Obispos, escritos de santos y teólogos, bibliotecas, libros, revistas, medios audiovisuales…Pero nunca podemos olvidar que la principal fuente de espiritualidad es la Palabra de Dios.

Así fue de hecho desde los primeros tiempos de la Iglesia. Los cristianos, especialmente las comunidades y los “monjes” que se dedicaban a la oración y la contemplación, incluso fuera de las ciudades, en los desiertos, no tenían otro punto de referencia que la Sagrada Escritura. Toda su formación y espiritualidad se basaba en la llamada “lectio divina” o lectura orante de la Biblia, a la que dedicaban mucho tiempo y que era su principal forma de oración, tanto personal como comunitaria.

Hoy la Iglesia vuelve a recomendar esta forma de oración como fundamento de nuestra espiritualidad. Crece su práctica en las comunidades, parroquias, movimientos, y florece por todas partes. Es un método de oración sencillo, práctico y fructuoso. Pero ¿cómo hacer la lectura orante de la Biblia?

Se realiza a través de cuatro pasos consecutivos:

  1. ¿QUÉ DICE EL TEXTO?: Se lee atenta y pausadamente un texto bíblico (salmo, parábola, relato de la Pasión del Señor, lectura de la Misa del día), se analiza, se aclara el sentido de sus palabras y frases, se descubre cuál es su contenido y su mensaje, su enseñanza o enseñanzas más importantes. Por ejemplo, la parábola del hijo pródigo (Lc 15,11-32) nos presenta al Dios de Jesucristo como un padre bueno y misericordioso, nos hace entender las consecuencias de apartarnos de Él, nos llama a la conversión y al perdón.
  2. ¿QUÉ ME DICE A MÍ EL TEXTO?: Dios nos habla a cada uno por medio de su Palabra, según nuestra realidad y circunstancias, ilumina nuestra vida. La Palabra de Dios es viva, nos interpela, nos habla hoy y nos llama a un diálogo interpersonal con el Señor, nos ayuda a conocer en concreto su llamado y su voluntad. Al leer la Palabra con fe no me pregunto simplemente qué dice, sino ¿Qué me está diciendo a mí hoy y aquí? Por ejemplo, la misma parábola puede decirme que confíe siempre en Dios, que no peque, que reconozca mis equivocaciones, que no ponga la felicidad en las cosas materiales, que me confiese, que perdone a quien se equivoca.
  3. ¿QUÉ LE DIGO YO AL SEÑOR?: La oración es un diálogo, escucho al Señor y luego le hablo yo desde el fondo de mi corazón. Siguiendo con el mismo ejemplo, mi oración personal, tranquila y sincera, responderá al Señor con una súplica, una alabanza, un acto de adoración: perdóname, ayúdame, ilumíname, te prometo perdonar, gracias por tu misericordia, haz que nunca me aparte de ti, que yo sea capaz de perdonar como Tú me perdonas, quiero ser testigo de tu amor y misericordia, te pido que mi familia sea así, quita el /*-odio del mundo.
  4. ¿CÓMO APLICO EL TEXTO A MI VIDA?: No basta rezar. Lo importante es vivir como Dios quiere, seguir a Jesús, ser testigo del Evangelio. Por eso después de todo lo anterior yo estoy llamado a contemplar la realidad, las personas, mi vida, los problemas, las alegrías y tristezas. Y movido por el Espíritu saco unas conclusiones y asumo unos compromisos. Después de leer y meditar así la parábola del hijo pródigo, ¿cómo quiero vivir, qué voy a hacer? Voy a reconciliarme con un enemigo, voy a hablar con mi papá o mi hermano a pesar de que llevo tiempo distanciado de ellos, haré una buena confesión, nunca hablaré de Dios como alguien que castiga y no perdona, voy a mejorar las relaciones (en mi familia, grupo, trabajo, parroquia, comunidad, entorno social) voy a mirar siempre con misericordia a los pobres y los que sufren, no discriminaré a los extranjeros.

Muchas ediciones de la Biblia, manuales de oración y libros de formación cristiana ofrecen esquemas de ayuda para hacer la lectura orante de la Biblia, desglosando a veces los momentos descritos, pero estos son los cuatro fundamentales. La forma concreta y el tiempo empleado en la oración depende de cada uno, y puede hacerse también desde luego en forma comunitaria. Nuestra espiritualidad se enriquecerá siempre con la Palabra de Dios, fortalecerá nuestra fe e iluminará nuestra vida. Les invito a hacer la prueba si todavía no lo han hecho. Será sin duda una buena forma de culminar la celebración del mes de la Biblia.

Artículo anterior

Agentes de Pastoral se capacitan para el acompañamiento espiritual

Siguiente artículo

Fe y vida en un solo testimonio