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León XIV concluye en Tenerife un histórico viaje apostólico

León XIV concluye en Tenerife un histórico viaje apostólico

El papa León XIV concluyó su viaje apostólico a España con una multitudinaria Misa en Tenerife, dejando un mensaje centrado en la unidad, la evangelización y la acogida a los migrantes.

 

Por Héctor Muñoz

 

El papa León XIV concluyó este 12 de junio su viaje apostólico a España, una visita que durante siete días reunió a cientos de miles de fieles y dejó un profundo mensaje de esperanza, comunión eclesial y compromiso con quienes viven en las periferias existenciales y sociales.

El viaje, desarrollado del 6 al 12 de junio, llevó al Santo Padre a recorrer diversas regiones del país, donde sostuvo encuentros con autoridades civiles y eclesiales, participó en celebraciones litúrgicas multitudinarias y compartió momentos de cercanía con jóvenes, familias, personas migrantes y agentes de pastoral.

Madrid: una Iglesia llamada a la unidad y a la misión

La primera etapa del viaje tuvo lugar en Madrid, donde el Pontífice fue recibido por las autoridades españolas y por una multitud de fieles. En sus intervenciones insistió en la necesidad de fortalecer la unidad de la Iglesia y de promover una cultura del encuentro en una sociedad cada vez más fragmentada.

Durante el encuentro con la comunidad diocesana madrileña, León XIV animó a los católicos a ser “testigos y profetas de unidad”, recordando que la misión evangelizadora comienza con la capacidad de construir puentes y superar divisiones.

Barcelona: fe que transforma la sociedad

Uno de los momentos más significativos del viaje se vivió en Barcelona. Allí el Papa presidió una solemne Eucaristía en la Basílica de la Sagrada Familia, donde destacó el papel de las comunidades cristianas como espacios de acogida, fraternidad y servicio.

Ante miles de fieles congregados en el emblemático templo diseñado por Antoni Gaudí, León XIV invitó a los cristianos a ser signos visibles de esperanza en medio de los desafíos contemporáneos, promoviendo la reconciliación y el respeto por la dignidad humana.

Asimismo, alentó a las familias, a los jóvenes y a los agentes pastorales a mantener viva la fe mediante el testimonio cotidiano y el compromiso con los más necesitados.

Canarias: el rostro humano de la migración

La última parte del viaje estuvo dedicada a las Islas Canarias, uno de los principales puntos de llegada de migrantes procedentes de África.

En Gran Canaria y Tenerife, el Pontífice puso en el centro de sus mensajes la dignidad de toda persona humana y la necesidad de una respuesta solidaria ante el fenómeno migratorio. Durante su visita al centro de acogida de Las Raíces, escuchó testimonios de personas migrantes y agradeció la labor de las organizaciones que trabajan por su integración y acompañamiento.

León XIV recordó que detrás de cada cifra existe una historia, una familia y un sueño de futuro, invitando a la comunidad internacional a promover soluciones que respeten los derechos humanos y favorezcan el desarrollo de los pueblos de origen.

Una multitudinaria Misa de despedida

El viaje concluyó con una solemne Santa Misa celebrada en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, donde miles de fieles participaron en la Eucaristía de clausura.

En su homilía, el Santo Padre exhortó a los presentes a vivir el Evangelio desde la fraternidad, la solidaridad y la esperanza. También agradeció la acogida recibida durante toda su estancia en España y pidió a los católicos continuar siendo constructores de paz y promotores de la cultura del encuentro.

Al finalizar la celebración, León XIV se despidió del pueblo español destacando la riqueza de su tradición cristiana y la vitalidad de sus comunidades eclesiales.

Un mensaje que permanecerá

El primer viaje apostólico de León XIV a España quedará marcado por tres grandes ejes: la unidad de la Iglesia, la evangelización en una sociedad cambiante y la defensa de la dignidad de las personas más vulnerables, especialmente los migrantes.

A través de sus encuentros, celebraciones y gestos de cercanía, el Pontífice dejó una invitación clara a vivir una fe comprometida con la realidad, capaz de tender puentes, sanar heridas y anunciar la esperanza del Evangelio en el mundo actual.