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Llamada, respuesta y misión

Distintas vocaciones (Detalles)

• Vocación al matrimonio: la vocación que mayoritariamente han recibido hombres y mujeres es el matrimonio. Todo niño, normalmente, nace en el seno de una familia, teniendo como ejemplo de vida al padre y a la madre. 

• Vocación a la vida consagrada: todos los que reciben bautismo y confirmación son ya consagrados. Sin embargo, los que responden al llamado a la vida religiosa o consagrada profundizan y radicalizan esta consagración a Dios. 

• La vida de soltero: en esta vocación consagras tu vida a Dios con el compro- miso de vivir en santidad, siendo luz y sal como laico, conscientes de la importancia que han adquirido para la propagación del Reino de Dios. 

P. Jhassir Pacheco R.

Todo aquel que ha recibido el bautismo, está llamado a configurar toda su vida en Cristo, siendo discípulo y misionero suyo. El encuentro con Él nos permite ser conscientes del don recibido y vivir la pertenencia a la comunidad que es la Iglesia. 

Por eso es necesario que todo bautizado tenga conciencia clara de “ser linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido, para anunciar las alabanzas de Aquel que nos ha llamado de las tinieblas a la luz admirable”. (I Pe 2,9). A continuación presentamos los elementos de la vocación cristiana: Llamada – Respuesta – Misión.

Llamada: 

Jesús llamó a los que Él quiso, para que estuvieran con Él y enviarlos a predicar. El Señor nos llama, no por ser perfectos ni para ser tales, sino para formarnos un corazón de discípulos misioneros.

Él nos llama para danos un proyecto de vida. Nos llama a la felicidad verdadera. Este es su método: “No son ustedes los que me han elegido a mí, sino que yo los he elegido a ustedes, para que vayan y den fruto”. (Jn 15, 16). Dios ha hecho una opción irrevocable por quien llama de un modo único y personal para mostrar, a través de nosotros, su identidad como un Dios de Amor.

Es necesario abrir todo nuestro ser ante la llamada de Dios, porque es un gesto de misericordia. Él nos mira y nos llama a todos. Su llamada llena de cotenido la vida y le da a nuestra fe un horizonte pleno y dinámico. 

Respuesta: 

La llamada requiere de una respuesta, que es la disponibilidad ante Dios, que llama. La respuesta es y debe ser siempre libre, consciente y  responsable. Es una expresión de fe que nos lleva a hacer opciones. La respuesta es signo verdadero de acogida a la llamada y se da en el cumplimiento de la misión recibida, en unas condiciones reales y concretas.

La respuesta nuestra ha de estar apoyada no en las seguridades humanas sino ante todo por la confianza en Jesús. Aquel que nos llama e invita a seguirle. La respuesta valiente, animada por la fe en Jesús, nos permite iniciar una experiencia siempre plena y feliz: “Vengan y lo vean. Fueron, vieron donde vivía y se quedaron con Él”. (Jn 1,39).

La misión es una respuesta libre (Relacionada)

El Papa Francisco, en el mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2020, nos recuerda que “la misión es una respuesta libre y consciente a la llamada de Dios, pero podemos percibirla sólo cuando vivimos una relación personal de amor con Jesús vivo en su Iglesia. Preguntémonos: ¿Estamos listos para recibir la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida, para escuchar la llamada a la misión, tanto en la vía del matrimonio como de la virginidad consagrada o del sacerdocio ordenado, como también en la vida ordinaria de todos los días? ¿Estamos dispuestos a ser enviados a cualquier lugar para dar testimonio de nuestra fe en Dios, Padre misericordioso, para proclamar el Evangelio de salvación de Jesucristo, para compartir la vida divina del Espíritu Santo en la edificación de la Iglesia? Esta disponibilidad interior es muy importante para poder responder a Dios: “Aquí estoy, Señor, mándame”. (Is 6,8).

La llamada es verdadera si le acompaña una respuesta y una misión. El verdadero discípulo de Jesús es capaz de manifestar en su vida las palabras, gestos y acciones del Maestro, mediante el servicio a los demás. La llamada es veraz, si le acompaña una respuesta y una misión. La misión es salir de si y a anunciar a los demás como el apóstol Andrés que hemos encontrado al Mesías. La misión define siempre la autenticidad de la propia vocación cristiana. Hay vocación cuando asumimos misiones en la vida. 

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