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Los esposos y sus progenitores

El amor matrimonial se perfecciona en la donación completa al otro. Vale la pena fijarnos en las relaciones con los padres, por la importancia que tienen en la vida de cada matrimonio.

Redacción

Después de un camino más o menos largo para reflexionar y dialogar, el amor lleva al gran día del matrimonio. Desde ese momento, inician una serie de ajustes y de cambios en muchas dimensiones para la pareja. También en lo que se refieren a las relaciones entre las dos nuevas familias.

El esposo entra en relación con los padres de la esposa y, si los hay, con sus hermanos. La esposa también entra en relación con los padres del esposo y sus hermanos. Vale la pena fijarnos en las relaciones con los padres, por la importancia que tienen en la vida de cada matrimonio.

El amor matrimonial culmina y se perfecciona en la donación completa al otro, a la otra. A la vez, los esposos siguen siendo hijos, con deberes de gratitud y de asistencia hacia los respectivos padres vivientes.

INDEPENDENCIA. Hay que cortar lo necesario con el “cordón umbilical”, para mejorar la relación de pareja. (Foto Unsplash)

Es frecuente que surjan conflictos y tensiones entre estos dos niveles de relación, esponsal y parental. La casuística puede ser enorme, y existen muchas maneras de afrontarla.

Pensemos, por ejemplo, en algunas situaciones. En la primera, el esposo o la esposa, o los dos en formas más o menos parecidas, no acaban de romper el cordón umbilical respecto de los propios padres. Ello lleva a mantener vivo un continuo interés, a veces excesivo, a lo que hacen, a lo que sienten, a lo que ocurre a los propios padres.

Vivir de esta manera puede ser peligroso para la maduración de la pareja. Porque en el hogar, el influjo de los padres de uno (o de los dos) no siempre compagina bien con los deseos del yerno o de la nuera, y entonces se generan tensiones, malentendidos, discusiones, incluso altercados.

Aunque existirán libros buenos para afrontar esta situación, desde el punto de vista cristiano, será siempre una ayuda muy grande el fomentar un sano espíritu de diálogo para escuchar a la otra parte, para ver si la relación con los propios padres es excesiva, para planear, con delicadeza, maneras de cortar (nunca del todo, pero sí lo necesario) el “cordón umbilical” y así mejorar la relación de pareja.

La oración: gran ayuda

AYUDA. Se invita a los esposos a perseverar en la oración.

En cualquier caso, en medio de circunstancias más o menos difíciles, los esposos católicos pueden recurrir a la gran ayuda de la oración para abrirse a Dios, para pedir fuerzas y luz, para dejarse aconsejar. Además, como ya dijimos al inicio, es muy importante un diálogo de pareja franco y sereno sobre lo que cada uno siente y lleva en su corazón respecto de sus propios padres y respeto de los padres del esposo o de la esposa.

No hemos de dejar de lado un camino de santificación, que consiste en ceder, en lo que sea legítimo y justo, respecto de los propios deseos y “derechos” para condescender con el esposo o la esposa, que viven todavía una mayor dependiente de los propios padres.

Se trata de ceder en cosas que sean honestas, no en aspectos esenciales de la vocación al matrimonio que exige a los esposos amarse mutuamente. Si se vive así, será posible llegar a esa perfección que consiste en darse por entero el uno al otro.

 

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