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Luchemos por la unidad

El mundo vive en zozobra ante la pandemia. Una situación de temor y pánico, pero también de corrupción y fallas. En medio de esto, a los cristianos nos corresponde ser luz y signo de esperanza. En lugar de sumar augurios negativos, contribuyamos con la alegría y el optimismo que heredamos de Nuestro Salvador.

Surge el tema de la unidad, y que mejor ejemplo que nos da Dios es su propia realidad, que es Trino: Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Que nos pide que unamos en lugar de dividir, que sumemos, que crezcamos. Siempre en comunidad, en convergencia, llenos de trabajo en conjunto.  

Si vemos a nuestro alrededor, la naturaleza nos habla de comunión, de unidad en la diversidad. Dios nos regala con su Creación un mundo de esperanza que habla de colaboración, que nos enseña que a pesar de ser distintas, las creaturas no están distantes, sino unidas. 

Cada parte está vinculada a otra, para formar un todo que funciona en equilibrio. De eso se trata el Reino y a eso nos llama Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Si permitimos que se nos imponga la separación, la ruptura, el individualismo, nuestra misión evangelizadora no llegará a la meta propuesta.

Busquemos por todos los medios, y a pesar que nos duela vivir en comunidad, ser lo que debemos ser: un cuerpo que a pesar de la diversidad, se mueve hacia delante. 

Esta epidemia se puede convertir para nosotros en ocasión de renovar nuestra vida y comenzar una vida nueva, más colaboradora entre todos, más respetuosa y con más sensibilidad hacia todo, porque todo está interconectado. Esto es lo que Dios quiere, y Dios así, seguirá presente aún en medio de nuestras dificultades.

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