Espiritualidad

María es la madre del Príncipe de la paz

Estamos inaugurando el nuevo año civil 2020. Pedimos a Dios, que los anhelos de paz y prosperidad que el mundo necesita, se hagan realidad. Esperamos una nueva aurora de paz y armonía en la que todos seamos y nos llamemos hermanos.

En medio de un mundo sumergido en una pluralidad de problemas, la presencia del “Enmanuel”, es y será siempre, una buena noticia para toda la humanidad. Vale la pena que en esta ocasión imploremos la bendición que se otorgaba a los antiguos israelitas en el primer día del año: “Que el Dios fuente y origen de toda bendición, nos conceda su gracia y nos proteja durante todo este año, nos mantenga íntegros en la fe, inconmovibles en la esperanza y perseverantes en la caridad, nos conceda un feliz y próspero año nuevo 2020”. Es una bendición que vamos a necesitar todos los días.

En el contexto de estas fiestas navideñas, la iglesia celebra hoy una fiesta primordialmente mariana: “La solemnidad de Santa María, Madre de Dios”, y como actividad muy especial, la 53 Jornada Mundial de la Paz con el lema: “La Paz como camino de Esperanza: Diálogo, Reconciliación y Conversión Ecológica”. Es una iniciativa de la iglesia que se ha venido celebrando desde 1968, y que, en este día, adquiere un sentido extraordinario, pues, del seno virginal de la virgen María, brota la fuente de la verdadera paz que es Jesús.

En la tradición bíblica, la “paz” tiene un significado muy profundo: Conlleva el deseo de la salud del cuerpo y la prosperidad material, no de una abundante riqueza, sino de tener lo suficiente para vivir dignamente. Es una palabra, que, en el plano espiritual, supone la armonía con nosotros mismos y con los demás. Dios es paz, y como creyentes, debemos vivir inundados por esa paz. Lo que nos perturba y quita la paz, es la violencia, la miseria y la opresión que nos apartan de los planes de Dios. La paz, es algo que anhela la humanidad entera. Ya desde el año 1965 el Papa Pablo VI dijo en la sede de la Naciones Unidas: “Si queréis ser hermanos dejad caer las armas de vuestras manos: no es posible amar con armas ofensivas en las manos. Las armas, sobre todo las terribles armas que os ha dado la ciencia moderna antes aún de causar víctimas y ruinas engendran malos sueños, alimentan malos sentimientos, crean pesadillas, desafíos, negras resoluciones, exigen enormes gastos, detienen los proyectos de solidaridad y de trabajo útil, alertan la psicología de los pueblos. En los países de la región centroamericana la necesitamos con urgencia, la esperamos con esperanza cristiana; incluso, cuando los obstáculos parecen insuperables.

Nos dice el Papa Francisco en su mensaje de paz 2020: “¿cómo construir un camino de paz y reconocimiento mutuo? ¿Cómo romper la lógica morbosa de la amenaza y el miedo? ¿Cómo acabar con la dinámica de desconfianza que prevalece actualmente? Debemos buscar una verdadera fraternidad, que esté basada sobre nuestro origen común en Dios y ejercida en el diálogo y la confianza recíproca. El deseo de paz está profundamente inscrito en el corazón del hombre y no debemos resignarnos a nada menos que esto”. Pidamos a Dios la reconciliación y la paz.

En las eucaristías siempre escuchamos: “Mi paz os dejo, mi paz os doy”. Jesús, es paz, reconciliación y amor. 

Que el Dios de la paz bendiga esta nación y venga en nuestra ayuda. Que tengan un feliz y sereno 2020.

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