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María, la primera discípula

El término discípulo es utilizado en el NT para denominar a alguien que es seguidor, un creyente que se mantiene en la palabra del Maestro. Por ello podemos decir que María es la primera discípula de Jesús. Ella primero creyó las palabras del Ángel Gabriel y luego siguió a su Hijo, pasando de su familia natural y la de su pueblo Israel, a una nueva familia, que va más allá de las otras dos: la familia del Reinla nueva familia de Jesús, y lo sigue hasta la cruz y más allá, animando a los demás discípulos con la oración, en la formación de la Iglesia cristiana.

El Concilio Vaticano II (LG 58) dice: “A lo largo de su predicación acogió las palabras con que su Hijo, … proclamó bienaventurados a los que escuchan y guardan la palabra de Dios, como ella lo hacía fielmente”.

María no sólo escuchó las enseñanzas de su Hijo, sino que desde antes de concebirlo en su vientre, ya lo había concebido en su corazón. Ella dispuso todo su ser a la voz de Dios que quería transformar totalmente su vida. Esto es lo que sucede cuando decidimos escuchar la voz de Dios con total apertura de nuestro ser.

El discípulo no se contenta con escuchar la voz del Maestro, sino que se compromete con su propuesta. Toda su vida se convierte en un continuo decirle “si” a Dios: “aquí estoy, para hacer tu voluntad”. Y todas sus acciones hablan de su decisión de seguir a Jesús. Cuanto bien nos hace a los catequistas aprender de María, a escuchar y meditar a diario la Palabra de Dios en nuestros corazones y llevarla a nuestros interlocutores, especialmente con nuestro ejemplo de vida.

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