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Ser fieles hasta el final

En el día a día, puede que recibas todo tipo de comentarios referentes a dejar tu fe por las personas de tu trabajo, “amistades” que están alejadas de Dios, creyentes pero no practicantes. Y puede ser tanto por el sufrimiento o la adversidad, hasta incluso por la abundancia, la buena vida y el éxito.

Y te preguntarás: “¿Qué hago? ¿Debo seguirles? ¿Debo creerles?”.

Y estará bien que te hagas todas esas preguntas, pues es parte de la fe llegar a dudar para luego fortalecerla. Será entonces cuando vendrán a tu mente con todo su esplendor todas las maravillas y buenas obras que Dios ha hecho en tu vida, aun cuando te sentiste indigno de ellas.

Te darás cuenta de que, aunque no sea fácil morir a las cosas terrenales, valdrá la pena el sacrificio para poder deleitarte en la belleza de la fidelidad a Jesús; porque, tengamos mucho o no tengamos nada, la ganancia es su amor y la vida eterna.

En la fidelidad encontrarás la bendición y la dicha de poder sentirte pleno y feliz de amar con libertad a Aquel que te amó primero, y verás

que también puedes amar a los demás con la misma libertad con la que Dios te ama.

Y, si sientes que es difícil mantenerte fiel, solo observa a tu alrededor y en torno a la Iglesia, lo difícil que fue para otros, pero no imposible.

Y qué mejor ejemplo de fidelidad que el de la Virgen María hasta el pie de la Cruz.

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