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Resiliencia y esperanza: valores para mi familia

Carlos Herrera   @mejorpareja.mejorfamilia

El término resiliencia se refiere a la capacidad que tienen las personas de recuperarse ante situaciones de crisis o desafortunadas. Incluso presenta la oportunidad de generar crecimiento, satisfacción y fortalecimiento de nuestra vida personal y espiritual. Todos tenemos esta capacidad de salir airosos, de ser resilientes desde lo humano y adicionalmente tenemos otro recurso desde lo espiritual: la esperanza. 

Estos tiempos de pandemia nos hacen sentir unidos como familia y unidos en el amor de Dios confiados y   seguros que “Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para su bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito” (Rom. 8,28).

Nuestra familia es uno de los lugares por excelencia donde nos sentimos protegidos.

 La buena relación con ellos, cuida nuestro sistema emocional, nos ayuda a sentirnos esperanzados y mas resilientes. En la medida que expresemos amor entre los miembros de la familia, seremos más tolerantes, más fuertes y florecerá el apoyo mutuo.

La vida cristiana centra la esperanza en la resurrección de Cristo quien, confiado en los designios de su Padre, asumió una muerte de cruz. 

La resiliencia es la recomendación bíblica para los cristianos. La Biblia contiene muchos consejos para seguir adelante (Filipenses 3, 13–15), superar las dificultades y la tentación (Romanos 12, 21) y perseverar frente a las pruebas (Santiago 1, 12).

 También nos da numerosos ejemplos de personas que sufrieron mucho, pero que siguieron el plan de Dios para sus vidas. La resiliencia y la esperanza son valores que fortalecen los vínculos y nos permiten crecer juntos como familia y como cristianos.

En familia sigan estas recomendaciones.

  • Expresen afecto: todo vínculo familiar requiere la expresión de amor y afecto, de seguridad, de intimidad, de amor saludable. Hacernos sentir que, si estamos juntos, nada nos puede pasar. 
  • Resaltemos valores:  valoremos el tiempo juntos, la sinceridad, aprender a pedir ayuda y prestarla sin condiciones ni chantajes, respetarnos nuestros estados emocionales.
  • Flexibilidad y compenetración: darnos permiso para hacer las cosas diferente, vivir desde lo que sentimos y no para cumplir expectativas. La flexibilidad puede ser entendida como sinónimo de libertad y respeto. 
  • Comunicación fluida y espontánea: es la columna vertebral de las familias esperanzadas y resilientes, esto fortalece los vínculos.
  • Mantener nuestra vida de fe: nuestra familia se sostiene sobre el amor de Dios. Los sacramentos, la vida de oración, nuestra caridad con el prójimo estrecha los vínculos de intimidad con el Padre, confiados en que la vida del cristiano no termina en el sufrimiento. Sigamos el ejemplo de María.

Fortalezcan la espiritualidad en el matrimonio

Infórmate sobre la violencia:   el conocimiento transforma a la víctima indefensa, infórmate sobre temas legales, psicológicos, para identificar y prevenir acciones violentas.

Ambiente de respeto:  procuren que la comunicación se mantenga en todo momento en un ambiente de respeto, aceptación de las diferencias y tolerancia.

No “normalicen” la violencia: está probado que cuando se acepta esta situación una vez, comienza un proceso de “normalización de la situación”. Una agresión siempre es importante.

Expresa con libertad lo que sientes y quieres:  plantea tu punto de vista con respeto, claridad y firmeza. Sin miedo a lo que puede decir o hacer tu pareja.

Proyecto de vida matrimonial: construyan y diseñen la manera en que desean vivir su vida conyugal, llegando a acuerdos y anticipando situaciones.

Busquen ayuda: estos casos se pueden manejar desde el acompañamiento terapéutico, la dirección espiritual y la práctica de fe cristiana. 

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