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“Mi cabello, mi identidad”

Ante situaciones de desventaja siempre el ser humano tiende a buscar formas alternativas para lograr sobrevivir.  Podemos decir que la creatividad positiva hace surgir la propuesta de celebrar el tercer lunes del mes de mayo el Día de las Trenzas Panamá, por las reiteradas actuaciones racistas y discriminatorias en contra de la niñez, de la juventud afropanameña.

El licenciado Alberto Barrow, director del Observatorio Afro, explicó que en “la primera década del presente siglo, en nuestro país se convirtió en práctica abierta el prohibirle a niñas y colegialas afropanameñas acudir a los centros educativos peinadas con trenzas. Dicha prohibición se hizo cada vez más creciente. En algunos casos, la actuación era asumida por maestros y profesores, sin el conocimiento de los directivos del plantel. En otros casos, eran los propios directores quienes implementaban la medida”.

En varias oportunidades, de-talló Barrow, algunos acudientes cuestionaron la medida, tanto ante los docentes como los directivos. También se elevaron quejas ante las autoridades del MEDUCA. En el primer caso, docentes y directo-res de planteles mantenían su punto de vista: “a la escuela y el colegio no se puede venir peinado con trenzas”. En cuanto al MEDUCA, la posición adoptada fue el silencio es decir no hacer nada, apuntó.

Advertido el creciente malestar de muchos acudientes ante la prohibición, el Observatorio Panamá Afro puso en conocimiento del hecho a los directivos de la Coordinadora Nacional de Organizaciones Negras Panameñas – CONE-GPA- Ambas instancias decidieron actuar. Fue así que se organizó una campaña y llamado público, a toda la sociedad panameña, para que rechazara la prohibición de las tren-zas en escuelas y colegios.

El cenit de dicha campaña fue un llamado para que el tercer lunes de mayo de 2012, en el marco de la  celebración del Mes de la Etnia Negra, todas las niñas afrodescendientes panameñas acudieran a los centros educativos, en todo el país, peinadas con trenzas. Y así ocurrió: la respuesta a ese llamado fue rotundamente masiva.

Este lunes 20 de mayo, se celebrará el Día de la Trenza Panamá, bajo el titulo “Mi cabello, mi identidad”, para reiterar la lucha del movimiento reivindicativo de la juventud afrodescendiente que porta su cabello natural, rechazan-do el uso de cualquier químico o tratamiento que pretende ocultar sus raíces africanas visibles en su cabello ensortijado.

En la actualidad el diálogo intergeneracional se hace entre abuelas, nietas o nietos; de madre a hijas o hijos, en la que narran la tradición de los pueblos afrodescendientes, dándoles sentido de pertenencia y fortaleciendo su identidad de las presentes generaciones.

El decenio pide atender el re-conocimiento, la justicia y el desarrollo, para eso ha establecido un plan de acción. En el tema del desarrollo la educación es funda mental, donde hace un llamado a los Estados para: Adoptar medidas para garantizar que los sistemas educativos públicos y privados no discriminen ni excluyan a los niños afrodescendientes y asegurar que estén protegidos de la discriminación directa o indirecta, los estereotipos negativos, la estigmatización y la violencia de sus com-pañeros o maestros.

No hay pelo bueno o pelo malo. La expresión «pelo malo», es una de las formas despectivas para referirse al afro, pese a que se trata de la forma más natural del cabello. De nuestro lenguaje debemos erradicar este término que pretende desvalorizar todo lo afrodescendiente. Nada malo tienen los cabellos afros, son distintos y no puede existir prohibición alguna para que la niñez y la juventud lo puedan portar con orgullo y sin miedo a ser discriminados o sancionados.

Pastor Elías Murillo Martínez, experto del Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial (CERD) señala que los derechos culturales de los afrodescendientes contemplan el derecho a su identidad cultural y a mantener, salvaguardar y promover su modo de vida y sus formas de organización, cultura, idiomas y ex-presiones religiosas; y el derecho a la protección de sus conocimientos tradicionales y su patrimonio cultural y artístico”.

En consecuencia es un derecho de la niñez y la juventud afrodescendiente portar su cabello natural como un derecho a su identidad cultural, que los padres no deben permitir que sea violentado, bajo los pretextos de cumplir con reglamentos y normas de disciplina en centros escolares; o incluso en lugares de trabajo. “Mi cabello, mi identidad”, por tanto se debe respetar.

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