Comunidad

Muy ocupados con la vida

En la velocidad del mundo, en el deseo de estar seguro del futuro y en la búsqueda del éxito inmediato, nos encontramos con personas agotadas, cada vez más jóvenes. En el engranaje de la productividad, el error se ve como

una falla y recomenzar como una pérdida de tiempo.

Estamos buscando el camino que genere el menor esfuerzo y donde se necesita un sufrimiento mínimo, después de todo, deseamos ser felices todo el tiempo y mostrar nuestras vidas en las ventanas virtuales de las redes sociales, tratando de ocultar nuestras debilidades y disfrazar los vacíos.

Estos caminos proliferan y toman cada vez más espacio, alejándonos de nosotros mismos y, preferiblemente, con la menor reflexión sobre nuestras propias responsabilidades al hacer siempre lo que hacen los demás, vivir como todos viven y querer lo que todos quieren.

Contra esta lógica mundana están los valores evangélicos de espera y esperanza. La espera paciente no es un simple «dejar ir», sino una espera activa, sabiendo que estoy haciendo lo mejor que puedo, aunque no puedo controlar el futuro. No es desesperación ante lo desconocido, sino esperanza de que no estamos caminando solos.

Eso nos llevará a experimentar la existencia de una manera más serena, menos exigente y, por lo tanto, más ligera y saludable. Es importante señalar que ninguno de nosotros podrá manejar todo en todo momento. Recupere la capacidad de contemplación del Creador y la creación, la capacidad de maravillarse con los pequeños detalles de la vida. La proclamación de Jesús “En el mundo tendrás aflicciones. ¡Pero ten coraje! He vencido el mundo” (Jn 16,33), debe ser para nosotros un llamado a entregar los excesos y el deseo de control y que, con esperanza, sigamos nadando contra la corriente.

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