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Nos casamos siendo incompatibles

Las relaciones de parejas han sido objeto de estudio, investigaciones a razón de descubrir la “fórmula” para lograr que sean exitosas, fructíferas o felices. Lo que hace complejo estos estudios, es simplemente que estamos frente a seres humanos, una de las creaciones más complejas de Dios.

La relación matrimonial es una de las relaciones más complejas dentro de las interacciones humanas, sólo el amor no es suficiente para lograr la felicidad o para resolver los conflictos.

Además del amor, tal vez sea necesario implementar la lógica de resolución de conflictos: focalizar el problema y luego dar soluciones adecuadas. Muchas parejas enfrentan rupturas que se relacionan en gran medida, con la falta de habilidades para afrontar cambios, principalmente los emocionales.

Existen dos realidades emocionales, la estructura de pensamientos y el dinamismo actitudinal masculino y femenino. La raíz de estas diferencias emocionales, aunque pueden ser en parte biológicas también puede remontarse a la infancia y a los mundos emocionales separados en los que viven mientras crecen.

La pareja asume y aprende a amar las luces y sombras del otro, los aciertos y desaciertos, y en miras a establecer una sana relación, creamos algunas normas de convivencia para lograr la historia que un día emprendieron juntos, un presente juntos.

Muchos mitos y creencias populares hacen prejuicios en nuestras relaciones convirtiéndose en objeto de fracturas, por ejemplo: “el primer año es el más difícil”, “la crisis de los 3 años”, “al llegar los hijos todo cambia”, “si al año no se llevan bien, no pierdas tu tiempo”.

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