Comunidad

“Nos jugamos la propia felicidad”

En las Sagradas Escrituras vemos cómo Jesús pasó junto a personas normales y les llamó diciéndoles: “Ven, sígueme”. Él mismo invitó a quienes luego

fueron sus discípulos.

Desde ahí podemos entender que Él es quien llama; por eso el llamado o “vocación” tiene su origen en Dios. El sacerdote Jhassir Pacheco, responsable de la Pastoral Vocacional Arquidiocesana, asegura que la vocación no tiene que ver con nuestro querer, es simplemente el querer de Dios.

“La vocación específica, es una propuesta u oferta que Dios nos hace, y en total libertad le respondemos cuando elegimos ser laicos célibes, esposos, sacerdotes o religiosas. Las profesiones u oficios es una decisión libre tomando en cuenta nuestras capacidades y talentos, la asumimos para complementar la vocación”, expresó Pacheco.

Explica que una ingeniera puede vivir su vocación como esposa, aportando el pan a la casa y llevando a Dios a su ambiente laboral, o un sacerdote puede complementar su vocación siendo docente profesional.

Testimonio

Felipe Rodríguez, médico panameño especialista en Nefrología, fue llamado por Dios al matrimonio hace 17 años. “Teniendo 18 años de edad elegí estudiar medicina, luego de consultarle a Papá Dios, a mi familia y después de evaluar entre otras carreras en las que podía aplicar. Las palabras de mi abuelo fueron claves: `hijo elija la profesión que le haga sentir cómodo y que pueda servir a los demás´; así mismo un tío médico me inspiró con su compromiso y servicio”.

En el mismo ambiente universitario conoció a Zulima, su esposa y madre de sus tres hijos. “Realmente fui bendecido porque con ella he podido vivir mi vocación con altos y bajos como cualquier matrimonio”, dijo.

Felipe afirma que durante su noviazgo pudo tomar la decisión de casarse no solo por estar enamorado, sino que eligió con inteligencia. “Vi las cualidades que tenía como mujer y sabía que esa oportunidad no la iba a tener nunca más, gracias a Dios me aceptó”.

Sabio consejo

El padre Jhassir exhorta a tomar muy en serio este momento, “se requiere mucha oración, discernimiento vocacional, acompañamiento y luego mirar las posibilidades en el tiempo. Es necesario no compararse con nadie y nunca motivarse por algún interés económico. Aquí nos estamos jugando la propia felicidad”, concluyó.

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