La parroquia Nuestra Señora de Los Ángeles celebra este 2 de agosto su fiesta patronal con una comunidad que, durante más de cinco décadas, ha mantenido viva la devoción a “La Negrita”.
Karla Díaz
Cada 2 de agosto, miles de costarricenses emprenden la tradicional romería hacia la Basílica de Cartago para honrar a Nuestra Señora de Los Ángeles. Esa misma devoción también tiene un hogar en Panamá donde, desde hace más de 50 años, una comunidad de fieles mantiene viva la fe en la Virgen conocida cariñosamente como “La Negrita”.
La parroquia Nuestra Señora de Los Ángeles, ubicada en la urbanización del mismo nombre y atendida por los frailes agustinos, celebra su fiesta patronal con una intensa preparación espiritual que incluye la visita de la Virgen peregrina a los distintos sectores parroquiales, jornadas penitenciales, confesiones, el rezo del Santo Rosario y una solemne novena.
El párroco, fray Raúl Antonio González Osorio, O.S.A., explica que la presencia de esta advocación en Panamá comenzó alrededor de 1970, cuando una imagen peregrina de la Virgen de Cartago recorrió el país. A partir de aquella visita nació el deseo de construir un templo que fuera “la casa de la Virgen” en Panamá, proyecto que culminó con la inauguración del actual templo en 1983.
“Durante más de cinco décadas la Virgen ha acompañado a esta comunidad y también a muchos costarricenses residentes en Panamá, así como a personas que encuentran en ella una madre que escucha sus necesidades”, señala el sacerdote.
Los fieles acuden a Nuestra Señora de Los Ángeles para encomendarle la conversión de sus familias, la salud de los enfermos, la reconciliación, los estudios de los jóvenes y la búsqueda de empleo. “Cuando pareciera que ya no existen posibilidades, la Virgen sigue abriendo puertas”, afirma fray Raúl.
Durante más de cinco décadas la Virgen ha acompañado a esta comunidad y también a muchos costarricenses residentes en Panamá.
Una comunidad viva
La parroquia desarrolla una intensa vida pastoral con catequesis para niños, jóvenes y adultos; grupos juveniles, Legión de María, ministerios litúrgicos, coros, consejos pastoral y económico, además de diversos proyectos misioneros en sintonía con el Plan Pastoral Arquidiocesano.
Actualmente impulsa nuevas iniciativas para mejorar las instalaciones del templo, entre ellas la construcción de una cochera para personas con movilidad reducida y una campaña para instalar paneles solares, cuyos fondos serán recaudados durante la feria parroquial del próximo 9 de agosto.
Fray Raúl también comparte un hecho que refleja la profundidad de esta devoción, pues cada año algunos fieles, especialmente costarricenses, realizan caminatas desde distintos puntos de la ciudad hasta la parroquia, como una expresión de agradecimiento y de fe, recordando la tradicional romería hacia Cartago.
Una devoción, dos pueblos hermanos
Para la embajadora de Costa Rica en Panamá, Bernardina Vargas García, la celebración representa mucho más que una tradición religiosa.
“Nuestra Señora de Los Ángeles está profundamente arraigada en el corazón del pueblo costarricense. Es un símbolo de nuestra identidad nacional, de nuestra fe y de nuestra cultura”, expresa.
La diplomática recordó que cada año, cientos de romeros caminan desde todos los rincones de Costa Rica hasta la Basílica de Cartago para agradecer favores recibidos o presentar nuevas peticiones. Muchos, incluso, recorren largas distancias durante varios días y algunos llegan de rodillas hasta el altar como signo de gratitud.
Durante su misión diplomática en Panamá ha encontrado una comunidad que también ha hecho suya esta advocación mariana.
“Me llena de alegría ver cómo los panameños han acogido a Nuestra Señora de Los Ángeles como una madre. Esta celebración fortalece la hermandad entre nuestros pueblos y demuestra que la fe no conoce fronteras”, manifiesta.
Asimismo, destaca el esfuerzo que realiza la parroquia por embellecer el templo y convertirlo, progresivamente, en un verdadero santuario dedicado a la Virgen, inspirado en la espiritualidad del santuario de Cartago.
“Cuando las familias viven los valores cristianos, también nuestras comunidades y nuestros países se vuelven más resilientes, más solidarios y más unidos”, concluye.

