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Pan se multiplica para los más pobres

Marianne Colmenárez

Lázaro Centeno es de Chinandega, Nicaragua; como muchos de sus coterráneos radicados en Panamá le ha golpeado la crisis producida por el Covid-19. Fue suspendido de su trabajo como panadero y frente a esta realidad, antes de tirar la toalla e irse en alguna de las recientes caravanas de retorno a su país, prefirió junto a su familia donar su talento al servicio de los más pobres.

“Con dos sacos de harina regalados por mi jefe, al cerrar operaciones de su empresa, entusiasmé a mi esposa y a una prima que vive con nosotros, para que hiciéramos unos cuantos panes nicas. Fui motivado por la llamada de auxilio de una paisana que estaba pasando múltiples dificultades ante la pandemia, al menos unos pan picos pensé llevarle”, relató Lázaro. 

Para él, desde ese momento comenzó la obra de misericordia que Dios, inmediatamente le fue revelando.  

“Al hacer la donación, nos sorprendió ver a tantas personas con hambre en una misma vivienda, madres solteras, domésticas, en su mayoría, que habían sido despedidas sin pago alguno. La necesidad de llegar a más familias era mayor; estas veinte bolsitas no fueron suficientes”, afirmó. 

La multiplicación de los panes

La materia prima llega por gracia de la Providencia, y siempre abunda.

Su esposa, Zenia Herrera, comenta que en tres días acabaron la materia prima que tenían en casa. “La multiplicación de los panes se fue dando cada vez que llegaba alguien con ganas de unirse a la causa, sin que le pidiéramos donaba los materiales que necesitábamos”, explicó. 

Hasta la fecha han podido distribuir 9,600 bolsas de panes, en su mayoría a nicaragüenses, pero igual favorecen a hogares de otras nacionalidades y a panameños también afectados por la crisis.

Se levantan a las tres de la madrugada, de lunes a viernes, para preparar diariamente 80 bolsas de panes tradicionales. La misma contiene un cachito de queso, dos piñitas,  un pastelito de queso y los infaltables picos. 

 

Lázaro explica que los picos son unos panes dulces, en forma de triángulo, rellenos con queso rallado mezclado con azúcar, lo que les da un contraste de sabor extraordinario, entre el dulce del pan y el saladito del queso. 

Las personas beneficiadas se regocijan por el beneficio recibido.

Ángeles custodios de la obra

Así como varias personas se han enterado de esta iniciativa y se motivan a colaborar, las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl​, desde la diócesis de Colón les contactaron con deseos de ayudar para llegar a más familias necesitadas. 

“Las hermanas nos compran huevos, harina, mantequilla, azúcar y también decidieron donarnos un horno con mayor capacidad; nuestra estufa además de pequeña, estaba vieja y dañada. Asimismo, nos pidieron la lista de personas que manejábamos para identificar a las familias más vulnerables;  les han beneficiado con una bolsa de alimentos”, aseguró Centeno.   

Agrega que hermanos de buena voluntad se ofrecen con sus autos o motos para distribuir las bolsas de pan en varias barriadas de la Ciudad. 

Por su parte, la Pastoral de Movilidad Humana de la Arquidiócesis de Panamá, les colaboró también con la compra de material. Desde el Hogar Luisa, 600 personas entre migrantes y refugiados recibieron su bolsa de pan como complemento de los alimentos que están donando. 

Justicia y rectitud 

“El que obra con justicia y habla con rectitud, el que rehúsa una ganancia extorsionada…, se le dará su pan y tendrá el agua asegurada”, esta promesa del libro del profeta Isaías, lo confirma la familia Centeno Herrera. 

Llevan casi cuatro meses confiados en la Providencia Divina, sin sueldos, sin poder pagar alquiler, pero agradecidos con Dios por su generosidad. 

“El Señor nos ha recompensado con vida, salud y el pan nuestro de cada día.  Hemos recibido comentarios mal intencionados de algunos nicaragüenses sin fe, que dudan o empiezan a especular sobre cómo conseguimos dinero para esta iniciativa. Por eso, solo donamos y no nos pasa por la mente vender algún producto, mientras estemos en esta situación”, aclara Ana Priscila Mora, prima de la familia.  

Esta actividad les ha servido de aprendizaje y de recreación. “Nos mantenemos ocupados, hablamos, reímos. Ha sido una terapia de salud mental que ha despertado en nosotros deseos de ayudar a más gente”, reiteró Ana.

Ella laboraba como servicio doméstico en una casa de familia. Ahora esta experiencia de vida le ha dejado un nuevo oficio y muchos aprendizajes. 

Con la mente y el corazón en su patria 

Ana Priscila trata de comunicarse diariamente con su hija de 16 años que quedó en Nicaragua, al cuidado de otros familiares. Lázaro y Zenia, añoran estar con toda su familia y amigos, especialmente con su hija mayor y los nietos que solo ven por video llamadas.  

“Luego de un año sin ver a nuestra hija menor, la pudimos traer a Panamá. Con apenas 6 años, vivimos el inmenso dolor de vernos separados, nos arriesgamos trayéndola por caminos verdes. Ese reencuentro fue maravilloso”, relata Lázaro con una inmensa sonrisa. 

Detalles para los pequeños de la casa

Marianne Colmenárez 

Para todos los niños, su cumpleaños es un día muy esperado. Esta familia ideó preparar varios dulces a los hijos de los nicaragüenses que cumplían años en el mes de junio. 

“Vía WhatsApp pedimos fotos de las cédulas o certificados de nacimiento para confirmar. Les regalamos veinte pasteles sencillos, pero deliciosos”, manifiesta Zenia, quien también conoce de repostería. 

“Aunque sea en la intimidad del hogar, el detalle es lo que cuenta. La alegría expresada en sus rostros nos indicaba que habíamos hecho lo correcto, a pesar del aislamiento anhelaban celebrar”, reiteró.

DETALLES 

  • En Nicaragua eran fieles de la Basílica Inmaculada Concepción de El Viejo. Lázaro en su juventud servía en misiones y como catequista de su parroquia. 
  • Acá en Panamá asistían, antes de la pandemia, a la misa dominical de la Basílica Menor Don Bosco en Calidonia.
  • Relatan que a la primera misa que asistieron a la Basílica Don Bosco, casualmente daban la bienvenida al padre César Lacayo, también nicaragüense.  Se presentaron y de allí nació una bonita amistad. 
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