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Panamá comparte los frutos de la JMJ 2019 y aporta su experiencia al camino hacia Seúl 2027

Panamá comparte los frutos de la JMJ 2019 y aporta su experiencia al camino hacia Seúl 2027

La experiencia de Panamá durante la Jornada Mundial de la Juventud 2019 fue presentada ante representantes de más de 100 países que participan en la Segunda Reunión Preparatoria Internacional rumbo a la JMJ Seúl 2027. 

 

Por Héctor  Muñoz

La experiencia de la Iglesia panameña en la organización y vivencia de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Panamá 2019 vuelve a ponerse al servicio de la Iglesia universal. En el marco de la Segunda Reunión Preparatoria Internacional rumbo a la JMJ Seúl 2027, que se desarrolla en Corea del 14 al 17 de septiembre, Panamá comparte los aprendizajes y frutos que dejó aquel acontecimiento internacional.

El encuentro reúne a representantes de más de 100 países y cerca de 400 responsables de Pastoral Juvenil de las Conferencias Episcopales, diócesis, monasterios y comunidades religiosas de los cinco continentes.

La delegación panameña está integrada por los jóvenes Erick Anjur y Yithzak González Murgas, quienes participan en este espacio de preparación junto a representantes de las Iglesias locales de distintas partes del mundo.

La Segunda Reunión Preparatoria Internacional tiene como objetivo presentar los avances en la organización de la JMJ Seúl 2027, profundizar en su visión pastoral y propiciar el intercambio de experiencias entre las distintas Iglesias locales. A través de estos espacios, los participantes buscan contribuir a la preparación de los jóvenes y de las comunidades eclesiales para el próximo encuentro internacional.

Panamá presenta los aprendizajes de 2019

Durante la jornada inaugural, el arzobispo de Seúl, monseñor Jeong Sun-Taek, presidente del Comité Organizador de la JMJ 2027 en Corea, dio la bienvenida a los participantes y destacó que la reunión representa “un nuevo punto de partida, para que la Iglesia mundial trabaje unida en la preparación de la Jornada Mundial de la Juventud de Seúl 2027”.

En el marco de los 40 años de la primera Jornada Mundial de la Juventud, el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida convocó a Víctor Chang González para participar en un panel sobre la experiencia de Panamá como país anfitrión de la JMJ 2019.

Chang compartió el espacio junto al cardenal Américo Manuel Alves Aguiar, obispo de Setúbal, y el padre João Chagas, para reflexionar sobre los aprendizajes que dejó la organización de una Jornada Mundial de la Juventud en un país pequeño y sobre las experiencias que pueden ser útiles para otras Iglesias locales.

Chang González se desempeñó como secretario ejecutivo del Comité Organizador Local de la JMJ Panamá 2019 y actualmente es ecónomo de la Arquidiócesis de Panamá.

Durante su intervención, destacó especialmente la capacidad de acogida demostrada por la Iglesia y el pueblo panameño. Al recordar la experiencia de 2019, afirmó: “Panamá se convirtió en una casa. Una casa que no se define por su tamaño, sino por su capacidad de recibir”.

Una misión asumida por toda la Iglesia

Uno de los principales desafíos antes de la JMJ Panamá 2019 fue la interrogante sobre la capacidad de un país pequeño para acoger un acontecimiento de dimensión mundial.

Ante preguntas como “¿Cuándo un pequeño país acoge una Jornada Mundial de la Juventud?” o “¿Podrá un país pequeño realizar un encuentro de tal magnitud?”, Chang explicó que la respuesta comenzó con una convicción: “el tamaño del país no define la magnitud de la misión”.

La experiencia panameña, explicó, fue posible a partir de una misión asumida por toda la Iglesia y con la participación de distintos sectores de la sociedad. Familias abrieron las puertas de sus hogares para recibir a peregrinos, mientras los jóvenes asumieron responsabilidades y la Iglesia, la empresa privada, los gobiernos locales y el Estado trabajaron conjuntamente para hacer posible el encuentro.

El proceso también dejó aprendizajes sobre la necesidad de trabajar desde la confianza, la escucha y la colaboración. “En el camino hubo que aprender a confiar, escuchar, pedir ayuda, ser flexibles y buscar soluciones en lugar de culpables”, señaló.

Otro de los aspectos destacados fue el papel de los jóvenes. Para Chang, la JMJ permitió generar nuevos espacios para que asumieran un mayor protagonismo dentro de la misión de la Iglesia.

“También hubo que aprender a comprender que guiar a los jóvenes significa acompañar sin sustituir y confiar sin abandonar”, expresó.

Los frutos de una JMJ van más allá del acontecimiento

Al compartir la experiencia de Panamá, Chang subrayó que una Jornada Mundial de la Juventud no concluye cuando termina el encuentro ni cuando se desmontan sus escenarios.

“Una JMJ no termina cuando se desmontan los escenarios. Nos queda la certeza de que las grandes misiones comienzan con un gran sí, la comunión multiplica nuestras capacidades y la Iglesia crece cuando camina unida. Un país pequeño puede hacer grandes cosas”, afirmó.

Esta perspectiva permite presentar la experiencia panameña no solamente como el recuerdo de un acontecimiento celebrado en 2019, sino como un proceso cuyos aprendizajes continúan aportando a la vida de la Iglesia y al acompañamiento de los jóvenes.

Rumbo a la JMJ Seúl 2027

Durante la reunión preparatoria, los representantes de las Iglesias locales conocen la visión pastoral y el plan operativo de la JMJ Seúl 2027. También participan en espacios de diálogo y reflexión en el Espíritu Santo, destinados a compartir experiencias y fortalecer la preparación conjunta.

El encuentro permite además acercarse a la realidad y cultura eclesial de Corea, conocer los avances en la preparación de las diócesis y fortalecer los vínculos de comunión entre quienes tendrán la responsabilidad de acompañar a los jóvenes durante el camino hacia Seúl.

La participación de Panamá representa así una oportunidad para compartir con la Iglesia universal los frutos de la JMJ 2019 y poner a disposición de otras Iglesias locales los aprendizajes obtenidos durante la organización y celebración del encuentro.

A casi ocho años de aquella Jornada Mundial de la Juventud, la experiencia panameña continúa formando parte del camino de preparación de la Iglesia hacia nuevos encuentros internacionales, mostrando que los frutos de una JMJ pueden permanecer más allá de los días de celebración y traducirse en nuevas experiencias de evangelización, participación juvenil y comunión eclesial.