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¿Por qué la opción evangélica y preferencial por los pobres?

En las páginas de la Escritura Sagrada, ya desde el Antiguo Testamento, encontramos la predilección de Dios por los pobres, oprimidos y marginados

 
Carlos Bárcenas

Cuando vivimos una vida de fe relativamente intensa, frecuentando los sacramentos, haciendo oración y formándonos en la doctrina de la Iglesia, corremos el riesgo de minimizar o incluso ignorar nuestro deber para con los pobres, reduciéndolo a un mero filantropismo que se hace cuando nos nace o a ayudar con lo mínimo, dándole algunas moneditas a los necesitados para calmar la conciencia.

Sin embargo, para el cristiano auténtico, la preocupación por los pobres y marginados es tan esencial para su fe cristiana como lo es la oración, la formación y la participación eclesial. Es decir, ayudar a los pobres no es solo para unos cuántos dedicados a ese ministerio particular, sino que obliga a todo cristiano. Pero ¿de dónde viene la importancia de esta opción que, el Documento de Santo Domingo llega a calificar de “evangélica y preferencial” (DSD 179)? En palabras del Papa Francisco: “Defender a los pobres […], es el centro del Evangelio, hasta tal punto, que nosotros seremos juzgados sobre ello.” (Homilía del Lunes Santo de 2020).

Para el cristiano auténtico, la preocupación por los pobres es tan esencial como lo es la oración.

En las páginas de la Escritura Sagrada, ya desde el Antiguo Testamento, encontramos la predilección de Dios por los pobres, oprimidos y marginados, muy en particular por los de su pueblo escogido, como lo vemos en el episodio de la liberación del pueblo judío de la esclavitud en Egipto. Más adelante, Jesús de Nazaret, el Mesías, encarna esta predilección del Padre Eterno por los pobres de manera concreta. No le basta con ser pobre él mismo y estar entre los pobres y oprimidos, sino que se llega a identificar con ellos de tal manera que el que sirve al necesitado, le ayuda a Él mismo (cf. Mt 25,31-46).

En la opción por los pobres, Dios nos da la oportunidad de entregarnos a Él, así como Cristo se entrega entero por nosotros en la Cruz y en el Altar.

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