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¿Por qué llama Dios?

P. JHASSIR PACHECO 

A diario nos preguntamos el por qué de las cosas. Buscamos la razón de lo que acontece. Deseamos siempre encontrar la causa de todo. De ahí, que muchas veces le hemos preguntado a Dios simplemente por qué. 

Toda llamada tiene un por qué. Dios no llama por accidente. Él no hace llamadas perdidas, ni se confunde al llamar. Dios llama siempre con un propósito. Esta es la experiencia del profeta Moisés.

¿Porqué llama Dios? “La palabra que florece más a menudo de los labios de Moisés, en cada oración que dirige a Dios, es la pregunta “¿por qué?”. ¿Por qué me has enviado? ¿Por qué quieres liberar a este pueblo?”, (Papa Francisco).

Moisés es jóven fugitivo en Madían, por haber asesinado a un egipcio que maltrató delante suyo a un hebreo, (Ex 2,12). Su testimonio nos ayuda a comprender la acción misericordiosa de Dios. Él lo llama por medio de una zarza que ardía sin consumirse: “Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza: Moisés, Moisés. Respodió él: Aquí estoy” (Ex 3,4). El Padre Dios contempla no sólo lo que es sino lo que puede llegar a ser junto a Él.  

Su experiencia vocacional nos muestra la identificación entre quien es llamado y su pueblo. En esto consiste la vocación y esta es la razón por la que Dios nos llama: ser instrumentos del amor de Dios, realizar lo que Éll lleva en el corazón. Moisés es un instrumento de Dios, es llamado para liberar e interceder por sus hermanos.

 Llamado para liberar: 

El amor de Dios es empático. Dios siente, comprende y escucha el clamor de su pueblo. Pareciera que Dios llora al mirar el sufrimiento y la esclavitud de su pueblo.  Por eso, Dios llama al joven Moisés diciéndole: “He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Y he bajado a librarlos de los egipcios, a sacarlos de esta tierra para llevarlos a una tierra que mana leche y miel… Y ahora, anda que te envío al faraón para que saques de Egipto a mi pueblo”, (Ex 3, 7-8.10). 

Moisés es llamado porque Dios quiere liberar a su pueblo. Lo elige para una gran misión. Este, como todo llamado, tiene una dimensión siempre social y comunitaria. Es un error comprender la llamada sólo desde el individualismo o intimismo. La llamada que Dios hace es respuesta al clamor que ha escuchado de su pueblo, es reacción pronta ante la necesidad vista, él llama a Moisés para que sea presencia suya en esa realidad. 

Qué bueno es reconocer que esta empatía divina, se concreta cuando comprendo que Dios me llama a la vida, bautismo, familia, matrimonio, sacerdocio, consagración, profesión, estudio, trabajo o servicio, no sólo pensando en mí, sino también porque quiere actuar en los que están a nuestro lado. Cuando Dios nos llama piensa también en quienes sufren y necesitan experimentar el Amor de Dios. Nosotros estamos llamados a sentir, mirar, escuchar y actuar como Dios lo hace. Alguien que ha sido llamado por Dios verdaderamente, le es imposible quitar la vista ante el sufrimiento del prójimo, tener una lástima cómoda o ser indiferente ante su dolor. Por esta razón, Dios llama a Moisés, lo hace un instrumento de liberación para los demás. 

Llamado para interceder: 

Moisés es intercesor de su pueblo ante Dios. “Moisés es tan amigo de Dios que puede hablar con Él cara a cara; y estará tan cerca de los hombres que podrá experimentar la misericordia por sus pecados, por sus tentaciones, por sus imprevistas nostalgias del pasado, pensado en cuando vivían en Egipto”, (Moisés, Papa Francisco).

Cuando el pueblo se encontraba en Rafidín se rebeló contra Moisés por falta de agua. “Moisés clamó al Señor: ¿Qué hago con este pueblo? El Señor le dijo: golpea la roca y saldrá agua para que beba el pueblo, (Ex 17, 4-6). El profeta siente con el pueblo y con Dios. Le duele ver cómo el pueblo murmura. La causa del profeta es la causa de Dios y viceversa.

Dios quiere que seamos instrumentos de liberación e intercesión para los demás como lo hizo Moisés. 

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