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¿Por qué siento tanto cansancio?

Si el cansancio es síntoma de una enfermedad física, atendámonos sin tardanza, cuidar de nuestro cuerpo es también una manera de agradar a Dios.

Mónica Muñoz/Catholic.net

¿Por qué será que muchas veces amanecemos más cansados de lo que estábamos cuando nos fuimos a dormir? Creo que esta condición física nos ha pasado a todos los adultos y quizá a los jóvenes, lo cual puede deberse a muchas causas: pocas horas de sueño, tener demasiados problemas en qué pensar o quizá algún problema de salud, lo cual habría que atender inmediatamente.

Lo cierto es que el cansancio se convierte en un obstáculo para desempeñar nuestras tareas diarias, porque no estamos bien para realizarlas. No pretendo dar consejos médicos ni psicológicos, únicamente comparto una situación bastante común entre las personas que vivimos en este país. Por supuesto, es muy importante encontrar la causa para poder remediarlo.

Por ejemplo, los expertos dicen que podemos padecer de cansancio emocional debido a las dificultades experimentadas en la familia, el hecho de tener algún enfermo en casa, atravesar una crisis económica, lidiar con relaciones abusivas, complicaciones en el trabajo, por mencionar algunas, pueden provocar que las personas sientan que no pueden más y que están a punto de explotar. No sería raro que esa tensión se traduzca en enojo, pleitos, gritos y hasta enfermedades físicas.

Podemos padecer de cansancio emocional, debido a las dificultades experimentadas.

En este punto será indispensable tratar de hacer una pausa para poner en orden los pensamientos y las emociones que sí se pueden controlar, sobre todo para evitar daños en las relaciones afectivas con las personas que nos rodean. Hay que recordar que las palabras que salen sin pensar pueden herir profundamente a quienes las reciban.

En estos casos, los especialistas en el tema recomiendan buscar alguna distracción, hacer ejercicio, alimentarse sanamente, dormir suficiente, pensar sólo en el momento que se vive, no recordar el pasado ni preocuparse por el futuro, y, por supuesto, buscar ayuda profesional.

Yo podría agregar, que es de suma importancia atender la parte espiritual. Las personas que hacen oración cumplen con algunos de los consejos que he mencionado: se hace un alto interior, se pueden poner en orden los pensamientos y compartir las preocupaciones con Dios, alcanzando tranquilidad para la angustia y la certeza de que las cosas mejorarán, lo digo por experiencia, porque es cierto lo que dice la escritura: “los caminos de Dios son inescrutables”, (Romanos 11,33).

La salud de cuerpo y alma es nuestro mayor tesoro, hagamos lo necesario para conservarla.

Sólo en Él podemos confiar plenamente y saber que lo que nos ocurre tiene una finalidad, que será para nuestro bien y salvación. Por si fuera poco, los que somos católicos tenemos otra ayuda, nada despreciable: el sacramento de la confesión. Después de un buen examen de conciencia, ir a confesarse es un acto sanador porque sacamos los pecados diciéndolos al sacerdote, quien, en nombre de Dios, nos absuelve, lo que devuelve al alma la gracia y la colma de paz.

Alguna vez leí el comentario de un psicólogo estadounidense que decía, refiriéndose a la confesión, que los católicos podríamos ahorrarnos las terapias si acudiéramos con frecuencia a confesarnos, porque la base de la terapia psicológica es, precisamente, abrir el corazón y la mente para contarle al psicólogo lo que aqueja a nuestra alma.

Pero volviendo al tema del cansancio, cuando resolvamos los males del espíritu, comenzaremos a notar mejoría en el cuerpo. La ausencia de energía para levantarse de la cama, la pesadez para movernos, el dolor de cabeza, los desórdenes estomacales y todos los síntomas físicos que suelen acompañar al mal del alma, irán desapareciendo.  Ninguna angustia vale la pena poner en riesgo la salud y nuestras relaciones interpersonales, recordemos que todo en esta vida se puede resolver si usamos nuestra inteligencia y capacidad para dialogar, hagamos el esfuerzo de acercarnos a las personas y platicar lo que nos incomoda.

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