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“Que no se sienta solo el enfermo que tienes cerca”

En la solemnidad de Nuestra Señora de Lourdes, el arzobispo José Domingo Ulloa Mendieta exhorta a brindar compañía a quienes carecen de salud. “El regalo de tu persona es la mejor medicina que puedes darle”, dijo.

La doctora Marisol de Jones llegó temprano y se ubicó en una de las primeras bancas del templo dedicado a Nuestra Señora de Lourdes, en el barrio capitalino de Carrasquilla. Un sitio tan lleno, que hubo que habilitar sillas plegables en las naves laterales y trasera, y hasta en el atrio. Ella, profesional de la medicina, entiende que no es el médico el que cura, sino que es es la gracia de Dios la que sana, por intercesión de la Madre.

LIL RODRÍGUEZ
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El rezo del Rosario para mí es clave. La Virgen de Lourdes, y la Sagrada Familia, fueron claves para la sanación de mi nieto, quien hace poco enfermó.

“Desde que empecé a ejercer la medicina entendí que debía ponerme en manos de Dios, y así lo haciamos en la oración de cada mañana en la capilla del Complejo del Seguro Social, y luego en el equipo que integramos para la capellanía del Hospital Santo Tomás”, indica la doctora de Jones.

“Solo nos toca estar cerca del paciente, dar lo mejor que tenemos y confiar en la Providencia”, añadió la doctora Marisol.

Estar cerca

El arzobispo José Domingo Ulloa Mendieta destacó en la homilía durante la Misa de Unción por la solemnidad de Nuestra Señora de Lourdes precisamente eso: la “cercanía” que necesitan de nuestra parte los enfermos.

“Lamentablemente –dijo– en nuestro entorno hay enfermos que sufren solos su dolor”.

Y añadio: “no permitas que ninguna persona enferma que esté cerca de ti esté sola (…) lo que más necesita es tu compañía, tu cariño, el regalo de tu persona…: esta es la mejor medicina que puedes darle”.

SAÚL HIDALGO
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Para mí es un honor y un placer venir a cantarle a la Virgen. Dios me ha bendecido con este don y por eso vengo a alabar a su Madre. Siento una enorme dicha al cantar para ella.

El arzobispo insistió en que todos los bautizados debemos “tocar la carne” de Cristo presente en los enfermos.

Y advirtió en tono severo: “cuando la fe se limita a ejercicios verbales estériles, sin involucrarse en la historia y las necesidades del prójimo, la coherencia entre el credo profesado y la vida real se debilita”.

Monseñor Ulloa explicó que la experiencia de la enfermedad hace que sintamos nuestra propia vulnerabilidad y, al mismo tiempo, la necesidad innata del otro.

Cuando dependemos de otro, hace que nos angustiemos, añadió el arzobispo.

La enfermedad

El señor Arzobispo iluminó el tema de la falta de salud como una situación que nos puede ayudar a “tomar conciencia de nuestra limitación, de la precariedad de nuestro camino aquí en la tierra”.

LUZ GRACIELA
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En pandemia he entrado tres veces al quirófano, y la última vez tuve dudas. La Virgen de Lourdes intercedió para que la oración llegara a su hijo, y hoy estoy sana.

Según el arzobispo, la adecuada lectura de la enfermedad hay que hacerla desde la Cruz de Cristo. “El Verbo encarnado se ha encontrado con nuestra debilidad, asumiéndola sobre sí, y quien sabe acogerla en su vida, experimenta cómo el dolor, iluminado por la fe, llega a ser fuente de esperanza y de salvación”, indicó.

En cuanto al sacramento de la Unción de los Enfermos, el arzobispo explicó que fue instituido por Cristo para los vivos, no para los muertos, y confiere un don particular del Espíritu Santo pues propicia la gracia del consuelo, de la paz y el coraje.

Con el sacramento de la Unción, dijo monseñor Ulloa, la persona puede enfrentar las dificultades de la enfermedad, al tiempo que se le permite al paciente unirse más íntimamente a la pasión de Cristo para contribuir al bien del Pueblo de Dios.

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