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¿Quién dijo que ya no tenemos profetas?

Más de medio siglo entre los más pobres de entre los pobres defendiendo los derechos de los indígenas en lo más profundo del Matto Grosso, Brasil, los que somos mayorcitos, lo vimos y escuchamos varias veces durante los encuentros con comunidades cristianas en Panamá. Sus serenas, pero firmes palabras de denuncia, de radicalidad en nuestro compromiso cristiano nos dieron aliento, en medio de las tormentas políticas de Centroamérica. Nos inyectó el coraje necesario para alzar la voz por nuestros pueblos indígenas, cuando todavía no tenían voz propia, invisibilizados, atropellados por las empresas mineras, por el amo latifundista-ganadero por el dueño de cafetales, por el turista curioso, por el político buscador de un voto cada 5 años. 

Llegar a Sao Félix de Araguaia es toda una aventura. Al menos tres días desde Europa, entre el avión, la avioneta, el autobús y la botas para llegar a este recóndito lugar del mundo, corazón de la Amazonía. Allí predicó uno de los últimos profetas vivos de la Iglesia de base, perseguido por los terratenientes brasileños, cuya única “ley era la de 38”. Lo acusaban de ser uno de los responsables de que la Constitución brasileña reconociera el derecho a la tierra de los indios y campesinos. La historia de la lucha por la tierra en Brasil no se explica sin Casaldáliga.

Coherencia evangélica

Vitalmente comprometido con los que más sufren, Casaldáliga llevó una vida marcada por la coherencia: Dom Pedro vivió en una casa de barro, con las puertas abiertas, se sabía de memoria el nombre de todas las personas de su comunidad y los visitaba a menudo en sus casas muy remotas. 

Visión, tenacidad y luz profética

Casaldáliga inspiró movimientos sociales que hoy enriquecen el tejido social de América Latina, fundó pastorales y organizaciones para luchar por la tierra, por la defensa de los pueblos indígenas y contra el capitalismo neoliberal y las desigualdades sociales. 

Persecuciones

Censurado, perseguido por los poderosos y habiendo sufrido varios intentos de asesinato, se mantuvo fiel a la Utopía: buscando construir el Reino de Dios en la tierra, con inquebrantable esperanza. Presionado y cuestionado por el Vaticano, mantuvo una posición firme por la transformación radical de la estructura clerical de la Iglesia, defendiendo una Iglesia pobre, corresponsable y participativa.

 «Mis causas valen más que mi vida»

VIDA. “Cuanto más doy, más tengo”.

Escribía y decía: “Aquello que me hace es lo que doy y no lo que tengo. Cuanto más doy, más tengo, porque soy más. Como más tengo y menos doy, tengo menos, porque soy menos. Los ojos de los pobres ven con otra luz.

“Si no eres ético en todo, no eres ético en nada”

Al final de la vida me dirán: ¿Has vivido? ¿Has amado? Y yo, sin decir nada, abriré el corazón lleno de nombres. Me llamarán subversivo. Y yo les diré: lo soy. Por mi pueblo en lucha vivo. Con mi pueblo en marcha, voy. No tener nada. No llevar nada. Y, de pasada, No matar nada; No callar nada”.

 

 

 

 

 

“La tierra es el único camino que nos lleva al cielo”

HUMANIDAD. La mayoría sobrevive.

No es que exista un mundo desarrollado y un mundo subdesarrollado, tenemos solo un mundo mal desarrollado. La mayor parte de la humanidad sobrevive, en lugar de vivir. Si nos ponemos del lado de los indígenas y de los peones, nos ponemos en contra del sistema político imperante. No hay verdadera paz si no está fundamentada en la justicia.

 

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