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Rafael Valdivieso: Un pastor entregado a su misión y al servicio del rebaño

La santidad, el servir y dar amor a los demás, así como sentir esa cercanía con los otros, son parte de las aspiraciones que Monseñor Valdivieso espera fortalecer en su pastoreo.

Yoel E. González N.

Monseñor Rafael Valdivieso Miranda cumplió, el pasado 6 de julio, ocho años de ordenación episcopal. Logramos entrevistarle y hicimos un recorrido de su fructuoso ministerio, su caridad pastoral desarrollada en beneficio de los fieles que le han sido confiados, en su devoción y fidelidad al Magisterio de la Iglesia.

Nos habló de las lecciones aprendidas y lo retos que exige atender pastoralmente a una diócesis, que tiene la particularidad de tener en su jurisdicción eclesial a dos provincias: Herrera y Los Santos.

REFLEXIÓN. Oración de la mañana con los frailes capuchinos menores.

Lecciones

Reconoce que en estos ocho años hay muchas lecciones valiosas, han fortalecido y orientado su ministerio episcopal, inspiradas en la renovación que propone el Papa Francisco: reafirmar la esencia del Evangelio a la comunidad cristiana, fortalecer más ese espíritu de amor, generar más solidaridad y sensibilidad a quienes más necesitan, como son los pobres, enfermos, ancianos y tratar de sembrar buena semilla en los jóvenes y niños.

Para él, reavivar la esencia del Evangelio no es más que llevar una vida de amor y un amor que se vuelve en servicio a los demás. No puede quedarse en un concepto o palabra hermosa, sino más bien en tocar las vidas y con ello pedir fuerza al Señor para cumplir con fidelidad la Buena Nueva y compartirla a toda la comunidad eclesial.

La experiencia

Estos ochos años de episcopado no han sido fácil, lo reconoce, pero si de algo puede vanagloriarse es estar atento a la escucha. Desde que inició su ministerio no ha dejado de escuchar la opinión y aportes de cada miembro de la comunidad cristiana, esto le ha permitido descubrir qué piensan los niños, jóvenes y adultos, cuya riqueza se refleja en el accionar pastoral de una Iglesia viva y participativa.

Estar cerca del pueblo de Dios: en las áreas urbanas y rurales, en los hospitales, las cárceles han sido fuente de riqueza espiritual para el obispo de Chitré y le motiva a ser mejor ser humano y servidor de la iglesia.

Cuando se da cuenta de lo importante y de lo que un sacerdote puede hacer en una comunidad, es para él una de las mayores alegrías que ha podido vivir en este ministerio, por ello se siente agradecido de su clero, fiel al Ministerio de Orden.

SIGNOS. Dar testimonio del amor de Dios siempre.

Penas y tristezas

En esa constante escucha que vive como obispo, le causa tristeza las tribulaciones de las personas que se le acercan y viven por situaciones dolorosas, pero también ha pasado–como pastor y hermano- ha sufrido por casos de abandonado al ministerio sacerdotal por diversas situaciones.

Y en estos momentos difíciles de la pandemia, durante la cual nuestra vida quedó al revés y nos obligó a vivir de una forma radicalmente diferente, como parte de esta comunidad de fe, el obispo reconoce que nunca se hubiera imaginado que sería necesario suspender la celebración pública de la Misa, limitar el acceso a nuestras iglesias.

Pero en medio de esta desconcertante situación, surgen iniciativas. Y el obispo resalta esa inquietud pastoral de los sacerdotes de esta Diócesis, que implementaron formas nuevas y creativas, por medio de las redes sociales y de transmisiones en directo, se esforzaron por llevar la Misa a los fieles. Y en el aspecto social atendieron las necesidades materiales y espirituales en sus respectivas parroquias, guardando las medidas de bioseguridad.

Una mirada a los jóvenes

Al obispo le interesa ese acompañamiento a la juventud que no se queda en encuentros y retiros espirituales, tan importantes en su vida espiritual. Su llamado es la santidad como vocación fundamental. Y cita la exhortación del Papa movida hacia la santidad que es tener una vida plena, que da servicio, que transmite alegría, sea cual sea el llamado al sacerdocio, vida consagrada, familia y vida misionera. Considera que todas estas vocaciones tienen que llevarnos a esa vocación fundamental que es la santidad, incluso en las adversidades y dificultades, porque estos son momentos para discernir, para vivir mejor y plenamente.

“La comunidad es un espacio donde florece el amor a Dios y de Dios, para nosotros”, Monseñor Valdivieso.

Darle sentido a la vida es muy importante para el obispo que explica que, encontrar esos aspectos negativos que no nos permiten crecer para ser mejores personas, nos dan esas luces como lo señala el Papa Francisco, y en esa dinámica estamos llamados a vivir plenamente.

San Pablo decía que al final de la carrera alcanzamos la corona, vivimos a plenitud ese tiempo que nos ha entregado Dios, para no sentirnos frustrados porque no logramos alguna acción. Aceptar el llamado de Dios o seguirlo, no lo intentamos por miedo a responder esa llamada, debemos responderla porque Dios lo que quiere es que seamos felices.

¿Hacia dónde va?

Finalmente el obispo nos dijo que, su pastoreo lo orienta hacia ser más cercano a las comunidades, a los sacerdotes, las religiosas, a la gente y en este sentido debe mejorar esa cercanía para con todos, ya que de esa experiencia vivida entre obispos, sacerdotes, religiosas y la vivencia en la comunidad se alimenta, se alegra, se siente la presencia de Dios a través de sus ministros.

Caminar de fe

Monseñor Rafael Valdivieso Miranda nació en Chiriquí. Vivió parte de su caminar de fe en Cabuya  de Tocumen, donde forjó su deseo de servir de la mano del padre Néstor Jaén.  Muchos tuvieron que ver en su inquietud vocación, los frailes capuchinos menores, en especial Fray Vidal Banasek, pero fue el padre Juan Rooney el que le acompañó en su discernimiento vocacional.

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