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Reconozcamos los valores que definen nuestra relación

Nuestra familia de origen influenció para que valoremos las cosas a las que realmente damos valor.  Aprendimos cómo salir adelante, cómo confiar, cómo expresar amor y afecto, y cómo cuidar de nosotros mismos. Estos son sólo algunos de los valores que aprendimos en nuestra familia de origen.

Como adultos escogemos esos valores que nos impresionan favorablemente. Estimamos otras ciertas cosas, sin esforzarnos para lograrlas. A estas cosas las llamamos ideales.

Rara vez buscamos un valor particular en función de nuestro comportamiento general y a veces  podemos confundir  nuestros valores con nuestros ideales.

Podemos pensar que un determinado ideal es un valor cuando, en los hechos, no hacemos nada para mostrar la importancia de ese valor en nuestras vidas.

Algunas parejas dicen que valoran un buen matrimonio, sin embargo, no hacen nada para mejorarlo. Para esas parejas un buen matrimonio es un ideal, no un valor.

Otras parejas dicen que el diálogo es un valor, pero lamentablemente dejaron de dialogar.  Para ellos, el diálogo es un ideal, porque no se dedican tiempo para tener una buena conversación. Es necesario un cambio, un esfuerzo de ambos para dedicar tiempo al diálogo, ¡conviértanlo en un valor!

Definitivamente nuestros valores influencian  nuestras relaciones; ellos afectan la manera en que respondemos a otras personas, especialmente a nuestro cónyugue.

El tiempo que dedicamos a la búsqueda de nuestros valores tiene un efecto particular  en todas nuestras relaciones. También la forma que priorizamos nuestros valores es sumamente importante. Dos personas pueden tener los mismos valores, sin embargo al no darle la misma jerarquía entran en conflicto.

Los valores fuertes se defienden intensamente, mientras los valores débiles son fácilmente objeto de transacción.

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