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Retos y desafíos de la zona misionera

La zona misionera de Yaviza abarca una extensión de 26 comunidades, algunas conectadas

por tierra, otras cruzando el río Chucunaque y uno de sus afluentes, el río Tuqueza.

Aquí se concentran humildes familias de campesinos, indígenas y afrodescendientes que viven en esta región de Darién.

En esta zona trabaja el padre Alvin Bellorin de la comunidad de misioneros claretianos, quien conoce muy bien la realidad económica y social de esta población.

El sacerdote no deja de animarles y fortalecerles en la fe, sostenida por la Palabra de Dios.

Aquí también conviven migrantes que llegan a Darién atravesando la frontera con Colombia,

pasando penurias.

Marragantí y Bajo Chiquito son regiones donde hay mayor presencia de estos migrantes.

Realidad misionera

El indígena emberá es muy abierto tiene esa capacidad de aceptar y recibir siempre a la iglesia católica, pero por la falta

de misioneros y la falta de compromiso laical ha bajado ese acompañamiento pastoral.

Precisamente son los sacerdotes los que administran los sacramentos. El padre Bellorin reconoce que en esta zona misionera han bajado las confirmaciones, primeras comuniones y bodas, porque no se puede dar un seguimiento contnuo a estas comunidades, incluso algunas no cuentan con un templo. “Además hay poco compromiso de los laicos, lo que impide tener misioneros activos en la región para que le den ese acompañamiento a las comunidades ubicadas en esta zona misionera”, explica el padre.

El padre Bellorín recordó que antes había catequistas emberá, pero ahora son pastores evangélicos, debido a la falta de acompañamiento de la Iglesia Católica

en el área.

Resalta el padre Bellorin quepor prejuicios o temor a perder algo, es que no se da esa apertura con los católicos.

En estas regiones no se celebran fiestas patronales, tampoco se han hecho capillas debido a la movilidad de las personas.

La Casa Comunal es un espaanicio compartido por la comunidad, y ahí las sectas son las que más concentran espacio, y se ubican de manera desmedida.

El padre Bellorín afirma que los pocos que se interesan por servir, lo hacen porque quieren sentirse enviados. 

Para este religioso claretiano no ha sido fácil trabajar pastoralmente en esta sector del país, pero esta experiencia misionera también le ha dado alegría en medio de las limitaciones propias de una región pobre.

“Definitivamente no ha sido fácil, pero tengo la satisfacción, haber ido acompañando a estas comunidades, desde mi carisma personal y de fe”, manifestó.

Uno de los grandes desafíos de la iglesia católica en el Darién es activar la Pastoral Juvenil.

“Faltan jóvenes convecidos de vivir una experiencia de fe y de encuentro con Cristo. Que pierdan el miedo y se formen para ser misioneros de otros jóvenes.

Que se comprometan con su Iglesia a evangelizar”, comentó. “Todo lo contrario”, dice el presbítero, desde los 12 años los jóvenes inician experiencias fuertes como drogas, sexo que los alejan de un camino de fe”, puntualiza el padre.

Está conciente de que el mayor reto es acompañar a estos jóvenes alejados de la Iglesia, de ayudarlos a crecer en su fe para que vivan esa experiencia de seguir a Jesús con alegría y valor y a trabajar para hacer, de estas comunidade apartadas, verdaderos lugares de misión.

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