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Saca provecho a lo que ya tienes

Si tan solo tuviera  un carro… si al menos mi mamá fuera distinta… cuando tenga dinero, voy hacer  lo que Dios quiere que haga.  Puede ser que seas uno de esos jóvenes que le trascurren los días en medio de estos pensamientos, pasando por alto los dones que Dios le ha regalado.

¿Pasas por alto las semillas que Dios

ha plantado en tu interior?

El sacerdote Israel Ramos, director de Catequesis de la Arquidiócesis de Panamá, comenta que a veces el ser humano cimienta la felicidad en cosas externas y pretende esperar hasta no tener problemas para poder arrancar a tener todas las variables controladas para  luchar por eso que tanto desea, por esa felicidad que anhela.

Aprende a sacarle provecho a lo que ya tienes, a valorar lo que ya posees y a no preocuparte por lo que no tiene.

El padre Israel asegura que si nos revisamos, quizás con la ayuda de algún amigo podemos descubrir los dones que Dios ha puesto en cada uno de nosotros para ponerlos al servicio de los demás.

El sacerdote señala que no debemos esperar que la vida te sonría o que existan circunstancias extraordinarias para hacer el bien; hazlo en las situaciones comunes. “No necesitamos más habilidades, ni mayores oportunidades. Debemos sacarle provecho a lo que tenemos”, recalcó.

Empieza a tejer y Dios te dará el hilo.

Las Sagradas Escrituras dice en Eclesiastés 11,2: “El que al viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará”. Cada día se deben tomar decisiones que van a afectar nuestro futuro. Si nos quedamos sin tomar decisiones no vamos la arrancar.

Deben empezar reconociéndose capaces, Dios nunca les pedirá algo que ustedes no le puedan dar. El Señor desea que empieces con los dones que te ha dado.  Difícilmente ves a alguien que haya logrado el éxito con condiciones ideales. Se disfruta mucho más lo que costó con esfuerzo y sacrificios.

Somos humanos y es entendible que sintamos temores a lo desconocido, a correr riesgos, miedo por lo que no se tiene. Dedícate a creer en ti mismo y con fe a terminar la tarea que tienes en tus manos, encomendándote a Dios y confiando en sus señales. El correcto desenvolvimiento actual es la mejor preparación para el futuro.

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