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Ser coherente en las redes es crucial para evangelizar

Si eres de los que disfrutan mucho el uso de redes sociales –o de los que vi- ve n casi esclavo de ellas–, hay tres aspectos que debes tomar en cuenta:

•Entender muy bien cómo funciona la comunicación digital.

•Cuidar hasta el extremo tu auto imagen en las redes.

•Ser coherente entre lo que publicas y cómo vives la vida. Existe un elemento central y delicado: los “likes” que tanto ansían todos. Esa carrera diaria por atraer “amistades” tan codiciadas, implican un desafío para todo joven cristiano. El afán define mucho, y puede trastocar desde lo que se dice, hasta quién aparentas ser.

Revolución

El Papa Francisco nos ha advertido que las nuevas tecnologías han modificado mucha más que el modo de comunicar, sino que han transformado la comunicación misma, sus formas, contenidos y tendencias, lo que ha llegado a convertirse en una transformación cultural, pues las nuevas generaciones tienen ahora un nuevo modo de aprender y de pensar.

Antes todo se limitaba a transmitir datos, hoy la comunicación implica relación, solidaridad y “amistad”.

Pero en la realidad, como bien saben los jóvenes, se comunican partes de la realidad, sesgos, “perfiles” no reales en su totalidad. No comunicamos hechos e ideas, comunicamos lo que pretendemos ser.

El otro y yo

Lo que todo joven se ha convertido, pues en un “ciudadano digital” que corre el riesgo de confundir quién es, y quién es el prójimo. Porque las redes y su suporte digital también han puesto de moda las máscaras, y la distancia entre prójimos a los que aparenta que acerca.

Para el cristiano, la comunicación de hoy debe ser franca y abierta, responsable y respetuosa del otro. Evitar el enmascaramiento y los grises. El Papa nos dice: “Hemos de tomar conciencia sobre todo de que el valor de la verdad que deseamos compartir no se basa en la “popularidad” o la cantidad de atención que provoca. Debemos darla a conocer en su integridad, más que intentar hacerla aceptable”.

Seamos honestos, sin trucos bajo la manga, sin ocultamientos. ¿Cómo se logra? Pues entendiendo que la vida en Cristo es la que es, y no la que quisiéramos. Por lo tanto, toca presentarla en toda su realidad, sin maquillajes, ni luces artificiales.

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