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Ser madre y maestra, una labor que deja huellas

“Hay que superarse, respetarse y tener valores”, fueron las palabras de una misionera a Elizabeth Rodríguez, una ama de casa, madre de 10 hijos que vivía bajo el dominio total de su esposo, quien le impedía salir de su hogar.

Esa misma misionera la invitó a participar en uno de los jardines de párvulos de la Iglesia Católica bajo la guía de las Madres Maestras. A escondidas llevaba a sus hijos, hasta que a través de la formación y talleres, pudo comprender su valor como persona, como mujer y como mamá, para poder enfrentar a su esposo y pedirle tolerancia en la toma de decisiones del hogar.

Hoy, Elizabeth tiene 20 años siendo Madre Maestra en la zona de la Sagrada Familia en Villa Zaíta. El amor y el apoyo emocional, social y espiritual que recibió hace años atrás, la hizo fuerte para vencer sus temores, y de la mejor manera, poder conversar con su esposo, quien en la actualidad le acompaña en esta hermosa labor que desempeña por los niños más vulnerables del país.

Así son las Madres Maestras, mujeres amas de casa que buscan apoyo, son capacitadas para luego atender a los niños de sus comunidades, la mayoría rurales. Muchos de los niños llegan desde el vientre materno; las mamás les enseñan, los educan, les inculcan valores, les dan amor, y cuidan de ellos hasta que cumplen los 5 años y medio, y están listos para entrar al primer grado.

“Dentro de los Jardines de Párvulos, las realidades son muchas; las mujeres llegan desde comunidades rurales, muchas solas, otras víctima de maltrato, pero con ganas de surgir, de salir adelante”, destaca Patricia Hutchinson, Presidenta de la Organización de Madres Maestras y Jardines Parvularios de la Iglesia Católica (OMMA-JAPAIC).

Hutchinson, quien lleva ya 30 años de ser Madre Maestra asegura que quien entra y forma parte de esta organización, no sale igual, pues la capacitación en cuanto a autoestima, derechos de la mujer y del niño, y los talleres recibidos, calan y dejan huellas en la personalidad de las mujeres. El compromiso es muy sencillo; sólo deben donar una mañana para atender el grupo de la comunidad, y así se van turnando para la atención de los pequeños.

Por su parte, los niños, reciben muchos beneficios… la formación en valores como el respeto, la obediencia, y en lo espiritual, se ve reflejado cuando llegan a los hogares. “Es un constante aprender entre hijos y padres, pues lo que reciben en los jardines, lo repiten en el hogar”, señala Flora Eugenia Villalobos, Coordinadora Nacional.

De hecho, son muchos los profesionales que han pasado por las manos de estas mujeres que brindan el servicio de manera voluntaria, y muchos apoyan la labor que siguen realizando a través de los años.

“Es muy emocionante cuando se me acercan los muchachos ahora grandes y profesionales a saludarme y a ponerse a la disposición de las madres maestras en lo que necesitemos; esa es nuestra recompensa, verlos surgir y no perdidos en los flagelos de la sociedad actual”, señaló Hutchinson.

En ese sentido, su sueño es que aquellos jardines que se han dormido por algunas situaciones, puedan despertar y albergar a más niños y a su madres, pues en la actualidad cuentan con más de 100 jardines de párvulos, pero hubo un tiempo en el que llegaron a ser 824 a nivel nacional. Se destaca el apoyo de sacerdotes como el padre Eusebio Muñoz, padre Anel Sánchez y otros que les acompañan en sus actividades especiales y en su trabajo diario reafirmando su lema “Mama Papá, es maestro”.

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