Espiritualidad

Espiritualidad del compromiso

Ser misionero, evangelizar, son conceptos que inmediatamente nos hacen pensar en palabras y predicaciones o nos recuerdan los nombres de grandes “predicadores”… Pero si pensamos en Jesús de Nazaret, el evangelio vivo y el primer evangelizador, el gran misionero del Reino y del Padre Dios, quizás tengamos que cambiar de forma de pensar. Porque Él, como recuerda el Concilio Vaticano II anunció el Evangelio no sólo con hermosas palabras, sino con obras y palabras. ¿Qué es más importante, lo que digo o lo que hago? ¿la rectitud en el creer y el decir o en el actuar y el obrar, la teoría o la práctica? Un viejo problema, también para los cristianos, que no es fácil de solucionar. Incluso podríamos decir que no tiene solución, porque está mal planteado: algo así como la pretendida oposición entre fe y obras de la doctrina de la justificación en las diversas tradiciones católica y protestante, sólo superable desde la negación de radicalismos excluyentes y en la línea tan paulina, por otra partede la fe que actúa por el amor (Gal 5,6).

Con un lenguaje menos teológico, tomado casi del vocabulario de la estrategia militar e incluso deportiva, podríamos expresar lo mismo afirmando que la mejor defensa es un buen ataque…O sea,

que la mejor teoría es una buena praxis.

Que equivale a afirmar que la fe sin obras es muerta (Sant. 2,17), es decir, que de poco sirven las palabras si no van acompañadas de la práctica…  

Una conclusión que se deduce directa planteamente y sin ninguna tergiversación del relato de la parábola del buen samaritano (Lc 10,29ss.). Queda claro en ella, evidentemente, que los supuestamente ortodoxos, conocedores y predicadores de la Palabra (sacerdote y levita) no aciertan a encarnar la ortopraxis o conducta correcta, algo que sí hace, y por eso es propuesto como modelo, el escandalosamente heterodoxo (samaritano). Ese es el mensaje central de la parábola y forma parte de su enseñanza e intencionalidad.

Una “primacía de la praxis” que constituye además según los evangelios una constante en la predicación de Jesús: el árbol se conoce por sus frutos (Mt 7,15ss.; los supuestamente ortodoxos, conocedores y predicadores de la Palabra (sacerdote y levita) no aciertan a encarnar la ortopraxis o conducta

correcta, algo que sí hace, y por eso es propuesto como modelo, el escandalosamente heterodoxo (samaritano). Ese es el mensaje central de la parábola y forma parte de su enseñanza e intencionalidad.

Una “primacía de la praxis” que constituye además según los evangelios una

constante en la predicación de Jesús: el árbol se conoce por sus frutos (Mt 7,15ss.; Lc 6,43ss.), hacer la voluntad del Padre y practicar la palabra de Jesús es el camino para entrar en el Reino (Mt 7,21 y 24ss.;

Lc 6,46ss.), la semilla de la Palabra debe dar fruto (Mc 4,14ss.)…

Esta importancia de la praxis (obras) es un tema fundamental para la perspectiva de la moral cristiana y para la teología del compromiso pero también para toda la experiencia de fe y la reflexión teológica

misma (método ver-juzgar-actuar). Y, por supuesto, para la teología y la espiritualidad de la evangelización y de la misión: la vida de la primera comunidad de Jerusalén era la que atraía nuevos miembros a la comunidad (Hech 2, 47); entonces y hoy es el testimonio la primera y más eficaz forma de evangelizar:

“La Buena Nueva debe ser proclamada en primer lugar, mediante el testimonio.

Supongamos un cristiano o un grupo de cristianos que, dentro de la comunidad humana donde viven, manifiestan su capacidad de comprensión y de aceptación, su comunión de vida y de destino

con los demás, su solidaridad en los esfuerzos de todos en cuanto existe de noble y bueno. Supongamos además que irradian de manera sencilla y espontánea su fe en los valores que van más allá de los valores corrientes, y su esperanza en algo que no se ve ni osarían soñar. A través de este testimonio sin palabras, estos cristianos hacen plantearse, a quienes contemplan su vida, interrogantes irresistibles: ¿Por qué son así? ¿Por qué viven de esa manera? ¿Qué es o quién es el que los inspira? ¿Por qué están con nosotros? Pues bien, este testimonio constituye ya de por sí una proclamación silenciosa, pero también muy clara y eficaz, de la Buena Nueva. Hay en ello un gesto inicial de evangelización. Son posiblemente

las primeras preguntas que se plantearán muchos no cristianos, bien se trate de personas a las que Cristo no había sido nunca anunciado, de bautizados no practicantes, de gentes que viven en una sociedad cristiana pero según principios no cristianos, bien se trate de gentes que buscan, no sin sufrimiento, algo o a Alguien que ellos adivinan pero sin poder darle un nombre. Surgirán otros interrogantes, más profundos y más comprometedores, provocados por este testimonio que comporta presencia, participación, solidaridad y que es un elemento esencial, en general al primero absolutamente en la evangelización ( Pablo VI, Evangelii nuntiandi, 12).

Tomemos conciencia en este mes de octubre de que todos podemos y debemos ser misioneros y evangelizar; a veces con nuestras palabras pero siempre con el testimonio de nuestra vida. Ese es el compromiso de nuestra fe.

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