editorial

Servir y continuar creyendo

Cuando a nuestro alrededor ocurren hechos que desilusionan, se espera del cristiano que mantenga encendido el fuego de la esperanza.

Si los de al lado viven su vida como si nada importara, el cristiano de buen linaje debe seguir amando, porque cree que una sociedad sana es posible.

Tal vez algunos políticos y miembros del grupo gobernante actúen de espaldas al bien común, y los activistas partidistas se parezcan cada vez menos a humanos con emociones y buen corazón. No olvidemos que esas personas no aparecen por generación espontánea; surgen del tejido social en el que todos están inmersos. Es la misma matriz. A pesar de eso, al cristiano le corresponde mantenerse en pie, ocupando todo su tiempo y su ser en la construcción de una comunidad donde nadie se acueste con hambre, y mucho menos se levante sin oportunidades. Por supuesto, al discípulo de Cristo le está vedado quedarse en silencio ante las injusticias.

Cuando la tendencia en la propia casa, en el barrio, en la provincia, en el país y en el mundo es “vivir mi vida”, sin importar qué ocurre con el otro, el cristiano debe esforzarse por cumplir su tarea profética de edificación, exhortación y consolación del hermano.

Ocurrirá que el entorno, y hasta gente muy querida, nos decepcione. A pesar de eso, toca insistir en el acto de amar, de entregarse a esos mismos que pareciera no se lo merecen; de servir, de continuar creyendo.

Ni el pesimismo ni la tristeza deben hacer nido en el corazón de un cristiano maduro. Sí, todo parece conspirar en contra, pero tenemos de nuestro lado a un amigo que nunca se dio por vencido, y prometió acompañarnos en la aventura de la vida: Jesús.

Artículo anterior

“Si en poco tiempo no funciona, nos divorciamos”

Siguiente artículo

La acción pastoral y social continúan en las diócesis