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“Shampoo” de cariño en casa

Vamos a valernos de una historia, para redondear la idea de lo importante que es expresar lo mucho que nos queremos en casa. No creamos que todo es “obvio”. Hay que echar mano de esas demostraciones públicas de afecto, “regar el jardín” cada vez que tengamos ocasión. La historia es la siguiente:

Tropecé con un extraño que pasaba y le dije “perdón”. El contesto “discúlpeme por favor; no la vi”. Fuimos muy educados, nos despedimos. Más tarde, al cocinar, mi hijo estaba muy cerca de mí. Al voltear casi le pego, “Quítate” le grité; El se retiró, sin que yo notara lo duro que le hablé. Al acostarme Dios me dijo suavemente: “Trataste al extraño cortésmente, pero abusaste del niño que amas”. (y esto, obviamente, incluye los golpes).

Ve a la Cocina y encontrarás unas flores en el piso, cerca de la puerta. “Son las flores que cortó y te trajo, una rosa, otra amarilla y una azul. Estaba calladito para darte la sorpresa y no viste las lágrimas que llenaron sus ojos”.

“Me sentí miserable y lloré”. Suavemente me acerqué y me arrodillé junto a su cama y le dije: “Despierta pequeño, despierta”. ¿Son estas las flores que cortaste para mí?

El dijo: “Las encontré junto al árbol. Las tomé porque son bonitas como tú, en especial la azul”.

“Hijo, siento mucho lo que hice, no te debí gritar”. El contestó: “Está bien mami. Yo te quiero de todos modos”. “Yo también te quiero y me gustan las flores especialmente la azul”.

Toma en cuenta que si morimos mañana, en cosa de días la empresa cubre el puesto. Pero la familia que dejamos sentirá la

perdida por el resto de su vida. Piensa en ello, porque nos entregamos mas al trabajo que a nuestra familia, ¿No crees que es una inversión poco inteligente?

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