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Si no puedes sacramentalmente, hazlo espiritualmente

Bernardina de Moreno

No nos limitemos a lamentarnos todos los días por la situación que vivimos a nivel mundial, donde nuestra tranquilidad, y vida normal fue violentada un día por circunstancias de todos conocida, pero no podemos cruzarnos de brazos a esperar que las cosas se acomoden, especialmente en lo referente a la vida espiritual. Los cristianos católicos, tenemos lo más grande, de nuestra fe… ¡a Jesús Sacramentado!  Y antes de que nos cerraran los templos, asistía un grupo considerable de fieles a recibirlo sacramentalmente en la santa misa y los domingos. 

Muchas personas de comunión diaria se han frustrado grandemente, por el cierre de los templos,  a otras les da igual, porque solo asistían en momentos determinados, como bodas, funerales, bautizos, aniversarios de difuntos, es más, entraban y no saludaban al Santísimo, quizás por falta de formación en su fe, para ellos,  esos cultos al parecer eran actos sociales, por eso, su asistencia se limitaba a conversar con los que tenían tiempo de no ver y confirmar su presencia, y lo digo con conocimiento de causa porque trabajé en una parroquia. 

Ahora bien. En medio de está crisis, los católicos no debemos entrar en depresión porque si no podemos comulgar sacramentalmente, por fe podemos hacerlo espiritualmente, pero es necesario que no nos acostumbremos a repetir mecánicamente, las palabras para hacerlo, si llamamos a un amigo sin entusiasmo y con pereza y desgana, lo más seguro es que ni responda, comulguemos de tal manera y con tal devoción, que Jesús sienta ese deseo ardiente de entrar a nuestro corazón y lo sentiremos. 

Encima de cerrarnos los templos, taparnos la boca y guardar distancia como soldado en formación, no podamos disfrutar de Jesús espiritualmente, por hacerlo por inercia o costumbre, eso no puede ser, no se comulga por costumbre sino por amor, por eso debemos preparar nuestro corazón con fervor, al hacer la comunión espiritual, ya que no podemos hacerlo físicamente al no poder ir a misa. 

Con mucho respeto, les comparto brevemente mi encuentro con Jesús sacramentado. Mi familia vivía en San Francisco en una casa alquilada frente al mar, junto a la Iglesia, éramos doce hermanos- Siempre tuve una forma de ser muy particular, me atraía lo espiritual, por eso sin que nadie me mandara, me levantaba, me vestía (siendo muy joven) y me iba a escuchar misa. Me llamaba poderosamente la atención cuando el sacerdote levantaba la hostia y decía que ese era el cuerpo de Cristo, y el que lo comiera viviría para siempre y la gente iba y lo recibía. Un día yo fui y lo recibí también y sentí una alegría muy grande y de ahí en adelante, nunca dejé de recibirlo. Una vez el cura me preguntó: ¿dónde hiciste la primera comunión?… ¿Primera qué? … Sí, ¿cuándo recibiste a Jesús, la hostia santa, por primera vez? Pues, aquí cuando usted dijo que quien lo recibe vivirá para siempre, mucha gente fue y yo también, ahora somos grandes amigos… Lo que sigue no cabe aquí.

Le dije a Dios un día -ya era Catequista-  vengo a misa todos los días, y te recibo, por si un día no pueda hacerlo. Yo no sabía mucho de él, pero fui creando un vínculo afectivo con Jesús Sacramentado, comprendí que, en esa pequeña hostia, Él estaba vivo y yo quería vivir con él, para mí era suficiente saber que al comulgar él entraba en mí, siempre fuimos amigos. 

Por eso, aunque no comulgues sacramentalmente, no dejes de hacerlo espiritualmente. Jesús se goza estando contigo, fortaleciendo tu fe, probada en estos difíciles momentos de crisis, donde más falta te hace.  

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